Ximena está casada y tiene un hijo, de 13 años. Su salario, como analista financiera en una inmobiliaria, asciende a $ 1.200. Su esposo, quien en 2020 perdió su trabajo como contador de una empresa agrícola, ahora reparte víveres para una cadena de supermercados por unos $ 600 al mes. La percepción de inseguridad que tiene la pareja la hace pedir mantener sus identidades en reserva, pese a no considerarse de altos ingresos.












