Un estudio científico registró la expansión de la lagartija invasora abaniquillo pardo del Caribe (Anolis sagrei) a lo largo de la costa norte y central de Ecuador.

En esta investigación sobre la presencia y consecuencias ambientales de esta especie invasora en el país andino participaron investigadores de la Universidad Espíritu Santo (UEES) de Guayaquil, la Pontificia Universidad Católica del Ecuador (PUCE), la Universidad San Francisco de Quito (USFQ), la Universidad Técnica Particular de Loja (UTPL), la estadounidense Universidad de Nuevo México (UNM) y la Fundación Great Leaf, además del Instituto Nacional de Biodiversidad (Inabio).

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La investigación proporciona información sobre el rango de distribución en expansión del abaniquillo pardo del caribe en Ecuador. Previamente los primeros registros de esta invasora se centraron en pocas localidades de la provincia del Guayas; Samborondón, Durán, Daule y Guayaquil.

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A través de registros de iNaturalist, los investigadores Andrea E. Narváez, Fernando Ayala-Varela, Stefania Cuadrado, Keyko Cruz-García, Mario H. Yánez-Muñoz y Luis Amador corroboran que la especie se está expandiendo lo largo de la costa norte del Ecuador, llegando a Manabí y Esmeraldas.

Además, hay evidencia de su ocurrencia en la región amazónica, específicamente en la provincia Francisco de Orellana. “Lamentablemente no se han recogido especímenes disponibles en estas tres localidades, por lo tanto, se recomienda un monitoreo continuo para identificar los puntos de ocurrencia específicos”, dice Inabio.

¿En qué lugares suele estar la especie?

La adaptabilidad de esta lagartija es evidente por su capacidad para prosperar en diversos hábitats, incluidos los urbanos como parques, jardines y áreas naturales a lo largo de las riberas de los ríos. A pesar de extensas encuestas, no se la ha encontrado en bosques naturales del continente, por lo que hasta el día de hoy no hay impactos potenciales sobre especies nativas; excepto en una reserva en la isla Santay.

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“Uno de los riesgos para la biodiversidad implica el posible desplazamiento o daño infligido a especies nativas por especies exóticas a través de diversos procesos como la competencia, la depredación y la generación de enfermedades, por lo tanto, se la considera una gran amenaza para la naturaleza”, señala el estudio.

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El abaniquillo pardo del Caribe es un lagarto arbóreo diurno. Se considera un depredador generalista y ha demostrado una notable adaptabilidad al cambiar de hábitat cuando competían con otras especies. Además, puede modificar su comportamiento en respuesta a la selección natural.

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Este lagarto es originario de Cuba y ha invadido varias regiones en el mundo.

Hasta 1993, se informaron 22 casos de introducción de A. sagrei en diferentes islas del Caribe, y actualmente se encuentra bien establecida en Estados Unidos, México, Honduras, Guatemala, Bermudas, Ecuador, Brasil y Panamá. También se han reportado en Taiwán y Singapur, en Asia.

Para mitigar la movilización involuntaria y los problemas ambientales asociados causados por la propagación de la especie, Inabio recomienda implementar inspecciones obligatorias para lagartijas o huevos, así como establecer un programa de cuarentena para plantas antes de su transporte.

“Estas medidas son esenciales para prevenir nuevas introducciones no intencionales y las posibles consecuencias ecológicas asociado con el desplazamiento del anole marrón”, menciona. (I)

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