La educación en línea debido a la pandemia del COVID-19 generó cambios en las metodologías de enseñanza y de evaluación de los estudiantes en las instituciones educativas públicas y privadas.

A la reducción más pronunciada del número de matriculados se suma la disminución del total de alumnos que se quedan de año, que pasó de 83.372 en el periodo lectivo 2018-2019 a 15.559 en el de 2019-2020 y 30.037 en el de 2020-2021.

Diana Castellanos, subsecretaria de Innovación Educativa y del Buen Vivir, reconoce que los cambios implicaron en la práctica que menos estudiantes pierdan el año y que se aplica un proceso de flexibilización curricular para atender las necesidades de aprendizaje de los promovidos, que pueden tener vacíos de conocimiento, y un seguimiento de los que finalmente no pasaron a la instancia superior.

“Hemos realizado adaptaciones durante la época de emergencia sanitaria para garantizar que los estudiantes se acerquen a este nivel de desarrollo que se requiere por cada uno de los niveles educativos”, indica la funcionaria. De ahí que una de las prioridades es regresar a la presencialidad total, prevista para el próximo año lectivo de la Costa y Galápagos, con el fin de atender estas problemáticas.

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¿Cuál es el procedimiento de pase de año que aplica el Ministerio de Educación?

Es un proceso que nos permite garantizar que cada uno de los estudiantes alcancen los niveles de aprendizaje requeridos conforme a cada nivel educativo. Este se aplica para instituciones fiscales, fiscomisionales, municipales y particulares. De esta manera hay que hacer una diferenciación además de cómo se hace la evaluación o cómo se mide efectivamente esta aproximación al cumplimiento de logros de aprendizaje. Esta se realiza a través de los niveles educativos que están determinados conforme a las edades y etapas de desarrollo, desde niños, niñas y adolescentes en el sistema de educación hasta jóvenes adultos en otra modalidad. El protocolo para garantizar el el avance se mide a través del currículo nacional y sus metodologías de evaluación. Con esto se determina la promoción o no promoción al año instantáneo superior, de esta forma podemos garantizar que en todo el periodo escolar, a través de las distintas herramientas metodológicas y didácticas que se dan en el aula o fuera de esta, las y los estudiantes pueden generar estos procesos personales adquiriendo estos niveles de desarrollo y de aprendizaje. Sin embargo, es importante tomar en cuenta que los contenidos no son lo único que están dentro del proceso o del currículo que no busca exclusivamente desarrollar contenidos sino que también está vinculado a temas de destrezas y habilidades. Todo esto se consolida en un término denominado destrezas con criterio de desempeño. Esto quiere decir que yo soy diestro o que tengo la destreza de cumplir con ese criterio que me pide el proceso de aprendizaje conforme el nivel de edad y de desarrollo establecido.

¿A qué responde la reducción del número de estudiantes que no fueron promovidos del periodo lectivo 2018-2019 (83.372) a los dos siguientes 2019-2020 (15.559) y 2020-2021 (30.037)?

Hay que tomar en cuenta que la pandemia se inicia en marzo de 2020 cuando estaba por concluir el periodo escolar 2019-2020 en la Costa y cuando estaba terminando el periodo escolar 2019-2020 en la Sierra y Amazonía.

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¿Qué cambios se aplicaron durante la pandemia, en la parte pública se medía el desempeño a través de proyectos y fichas que se debían elaborar sin evaluaciones?

La evaluación es un proceso constante que no depende exclusivamente de lo que conocemos como exámenes o pruebas que se realizan al final. Los no promovidos quiere decir que no alcanzaron el nivel de aprendizaje para acceder al año instantáneo superior. Empezando por cómo funciona el sistema, esto está regulado a través de la propia Ley de Educación y su reglamento. Sabemos que para el subnivel de inicial 2 y preparatoria, que es primer año de básica, es decir, niños y niñas de entre 3 y 5 o 6 años, aproximadamente, existe la promoción automática. Siempre van a ser promovidos al año instantáneo superior. En segundo lugar tenemos lo que sucede con los subniveles de educación básica elemental y media, que incluye a los niños y niñas desde los 6 años, aproximadamente, es decir, segundo hasta séptimo año de educación básica, niños y niñas que tienen alrededor de entre 7 y 12 años. Este grupo tiene la promoción siempre y cuando alcancen una calificación promedio de todas sus asignaturas de 7/10 o más. Quienes tienen menos de 7 en promedio de todas sus asignaturas, no aprueban y tienen que repetir el año, porque se identifica que no alcanzaron sus destrezas requeridas para alcanzar al siguiente nivel. Finalmente, como tercer grupo tenemos el subnivel de básica superior y bachillerato, desde octavo año de educación básica hasta tercero de bachillerato. Son chicos y chicas que tienen entre alrededor de 12 hasta los 18-19 años, edad en la que nos graduamos. Con este grupo la promoción tiene que hacerse en función de tener un mínimo de 7/10 en todas las asignaturas, es decir, aquella asignatura en la que yo no alcance 7/10, tengo que aplicar la otra parte de la ley que me dice, cómo puedo yo prepararme y garantizar que voy a poder dar un nuevo examen y de esta manera acceder a mi instantáneo superior. Tanto para básica elemental, media, básica superior y bachillerato, tenemos lo que se llama los procesos de acompañamiento o de refuerzo, que tienen que darse durante todo el año lectivo, por eso digo que no depende solo de una prueba, sino que es un proceso de evaluación continua. En función de esto se van generando estrategias de refuerzo durante todo el año lectivo. Si en este proceso de refuerzo, el estudiante no alcanzó el 7 de promedio y está entre el segundo de básica y séptimo de básica, va a estas clases de refuerzo y solamente una vez que se ha dado este refuerzo adicional y se confirma que es imposible que el estudiante pueda rendir de manera adecuada o acceder a estos otros aprendizajes del siguiente nivel, se recomienda no promover. En cambio, para la educación básica superior y bachillerato, si evaluamos que la persona no ha podido alcanzar el nivel de rendimiento que se requiere a pesar del refuerzo constante del equipo docente, se aplican exámenes supletorios, que se toman quince días después de la publicación de las calificaciones en aquellas asignaturas que se tiene entre 5 y 6,9. También están los exámenes remediales, los que se aplican quince días antes de empezar el nuevo año lectivo, en aquellas asignaturas en las que se obtuvo menos de 5 de promedio durante todo el año lectivo o cuando no se pudo aprobar mediante supletorio, en dos materias máximo. Y finalmente, el examen de gracia, que se rinde cinco días antes de empezar el nuevo año lectivo para aquella materia siempre y cuando sea una que no se ha aprobado en examen remedial.

¿Pero qué ha ocurrido durante la pandemia?

Durante la época de emergencia sanitaria, el Ministerio de Educación con el objetivo de garantizar la continuidad y el derecho a la educación generó estrategias que nos permitieron mantener este vínculo profesor-estudiante, a través de una serie de metodologías. En un primer momento utilizamos las fichas pedagógicas establecidas por cada una de las asignaturas en cada uno de los niveles educativos que permitían trabajar desde casa los temas que deberían haberse trabajado en el aula. Una vez finalizado el periodo 2019-2020, en el que se trabajó con estas fichas pedagógicas y finalizó el primer quimestre del régimen Costa del año 2020-2021, se vio que el tema de la emergencia sanitaria se iba a extender y que necesitábamos otra metodología educativa que nos permita mantener este proceso de continuidad y evaluar aprendizajes sin importar si tienen conectividad a internet o no. En ese sentido se utilizó la de los proyectos interdisciplinarios, en la que podemos efectivamente integrar en un solo proyecto aprendizajes de las distintas asignaturas porque lo que estamos midiendo es nivel de desarrollo. Estos siguen vigentes porque además nos permiten esta facilidad de trabajar en modalidades presenciales o no presenciales. Vamos teniendo un nivel de logro y de manera consolidada las distintas materias, que es algo que no se alcanzaba cuando no estábamos en presencialidad, este tema de abordar todas las materias desde casa. Estas son las dos estrategias macro que se han utilizado, junto con los planes de continuidad educativa en los que tenemos unos horarios diferenciados, que nos permite ir retomando estos procesos pedagógicos de modalidad presencial. Hacemos seguimiento directo a los estudiantes por distintos mecanismos.

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¿Estos cambios entonces han implicado esta reducción del número de no promovidos?

Hemos generado estrategias para garantizar la promoción de los estudiantes durante esta época de pandemia. Con las fichas pedagógicas generamos procesos de seguimiento muchos más individualizados. En esto tenemos que felicitar y agradecer la ardua labor del personal educativo y los docentes con lo que se ha logrado este vínculo a través de distintos mecanismos. Esto ha sido visitas en casa, llamadas telefónicas e incluso con grupitos muy pequeños en el barrio o en la comunidad en donde podíamos ir reforzando los aprendizajes. Obviamente no se podían aplicar exámenes supletorios, remediales y de gracias, entonces se hizo la elaboración de proyectos interdisciplinarios que nos abarcan todas las asignaturas, sobre todo para básica superior y bachillerato con componentes mucho más globales que nos permitía evaluar si es que el o la estudiante logró de verdad incrementar su nivel de aprendizaje para promoverse al siguiente año. Es así como estamos manejando. Mantenemos los proyectos interdisciplinarios, a pesar de estar en este momento en la presencialidad con algunas personas y en la no presencialidad con otras. En caso de tener deficiencias, porque el proyecto me permite evaluar, se hace un proyecto interdisciplinario adicional que me permita verificar que este proceso de refuerzo me está garantizando el poder tener los aprendizajes necesarios para acceder a mi año instantáneo superior. La pandemia requiere que pongamos en ejecución otras estrategias metodológicas, que además han llegado para quedarse y tenemos que aprovecharlas, porque efectivamente nos permiten garantizar procesos mucho más globales, integrales y también más anclados a un seguimiento de cada uno de los casos.

También se evidencia menos alumnos matriculados.

Sí, efectivamente hay una disminución de estudiantes entre el 2019, 2020 y 2021 que es mayor a los años precedentes. Estamos verificando y por eso para el ministerio y el sistema educativo nacional es importantísimo poder retomar la presencialidad. Tenemos que verificar si estos niños que ya no se matricularon o que ya no accedieron al sistema educativo, en este año 2020, 2021 fue porque ya no están en el país o porque efectivamente se movieron y ya no se vincularon al sistema educativo. Pero eso no lo podemos saber porque lo más probable es que si es que siguen aquí en el país se movieron, tuvieron un proceso de movilidad interna y tenemos que efectivamente identificar dónde están, para volverlos a reinsertar en el sistema educativo y con eso sí tener el contexto completo de si tenemos personas que ya no se encuentran en el país.

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¿A los no promovidos se les hace algún seguimiento especial el año que repiten?

Sí y no solamente a los no promovidos. El seguimiento que hacemos, junto con el retorno a la presencialidad que es fundamental por estos temas de garantizar el derecho a la educación, incluye la activación de otra series de programas y metodologías que nos permiten generar un proceso de refuerzo de aprendizajes con quienes no han sido promovidos, pero también con quienes han estado promovidos. La emergencia sanitaria nos ha debilitado en muchos aspectos, mucho más a niños, niñas y adolescentes, conforme lo manifiestan las organizaciones internacionales de salud. En este sentido, primero se identifican lineamientos pedagógicos curriculares que nos permiten garantizar la flexibilidad en la educación Cada institución educativa en función de sus propias condiciones y del análisis puede generar un proceso de flexibilización del currículo como tal. Esto permite adaptar a mi realidad las orientaciones metodológicas, los indicadores y criterios de evaluación y de esta manera garantizar que yo alcance los objetivos de aprendizaje y las destrezas con un sistema mucho más pertinente a cada uno de los lugares y de las instituciones educativas. Esta flexibilización nos permite atender a las necesidades puntuales de cada lugar, de cada institución educativa e incluso de cada estudiante. Tenemos también el currículo priorizado con énfasis en competencias.

¿En qué consiste este currículo priorizado?

Hay una serie de competencias a las que tenemos que darles prioridad máxima en el proceso de aprendizaje, que es lo que vamos a garantizar sí o sí en cualquiera de las formas en las que nos aproximemos a los estudiantes para que efectivamente alcancen los niveles de desarrollo deseados. Esto va para todos. Este currículo priorizado con énfasis en competencias abarca cuatro áreas específicas. La primera es la de competencias comunicacionales, que está anclada a la comprensión y a la producción de textos desde distintas formas de aproximarse a los temas. Esto quiere decir, saber manejar el lenguaje y comunicación, escuchar, hablar, la lectura y la escritura. Esto es prioritario porque entendemos que la comunicación es la principal fuente de aproximación a todos los demás aprendizajes de la vida. La segunda área de competencias son las matemáticas. Tradicionalmente pensamos que se refiere solo a la asignatura de matemáticas, cuando en esta están vinculadas competencias de todas las áreas de forma general porque es la habilidad que nos permite tomar decisiones, de aprender a resolver problemas y desarrollar el pensamiento lógico, crítico y creativo. Para aplicar estos procesos en la resolución incluso de problemas cotidianos en nuestra vida, como personas adultas, pero también durante la infancia y adolescencia. La tercera es el énfasis en competencias digitales. Esto es importante recalcar, ya que la emergencia sanitaria nos ha dejado ver que las tecnologías llegaron para quedarse. Tenemos que sacar el mejor provecho de estas y para esto tenemos que aprender a utilizarlas porque no es cuestión de tener acceso solamente, sino también desarrollar estas habilidades que nos permiten utilizarlas de forma adecuada para garantizar un mayor aprendizaje y conocimiento. La última área que es la más perjudicada durante la pandemia es la de competencia socioemocional. Es el espacio en donde aprendemos, en contacto con los otros, a comprender, expresar y regular nuestras emociones, a relacionarnos con los otros y las otras y a aprender a tomar decisiones, por ejemplo, a tener empatía, a resolver conflictos de una forma pacífica, a través de la negociación, el diálogo. A manejar nuestras propias emociones y saber expresar lo que sentimos de forma adecuada y sin violencia y a conocernos personalmente para saber cuáles son nuestras fortalezas, en qué debemos trabajar y cómo debemos potenciar este proceso.

¿Cómo enfrentar el alto porcentaje de pobreza en los niveles de aprendizaje profundizado por efectos de la pandemia?

El Ministerio de Educación ha desarrollado un programa adicional que se llama aprender a tiempo dirigido aquellas instituciones con una marcada pobreza de aprendizaje, que es un indicador que se maneja a nivel mundial para la educación y que me permite identificar que los estudiantes de esas instituciones educativas no tienen los niveles adecuados en lectura, escritura, que son las competencias comunicacionales, ni en las competencias matemáticas. Con ello se está generando un proceso integral de soporte y acompañamiento directo, que nos va a permitir equilibrar estos procesos, lanzar un refuerzo y atender cinco ejes. El primero es el socioemocional, fundamental incluso para tener un adecuado acercamiento a los aprendizajes, el área de lectoescritura, la prevención de la exclusión y el abandono y la metodología de recuperación de aprendizajes. Cuando todo esto está implementado se otorga además de un proceso de insignia de aprender a tiempo a la institución educativa y con esto se realiza un trabajo de acompañamiento en el que reforzamos las capacidades de absolutamente todos quienes están vinculados.

¿En qué niveles se da una mayor deserción?

Hay un mayor nivel de abandono, en realidad de exclusión educativa para nosotros, en segundo año de educación básica, cuando finaliza esta etapa preparatoria a la escuela, lo que antes conocíamos como primer grado, en donde hay un incremento del abandono. Lo mismo nos pasa con básica superior, octavo, noveno y décimo año de educación, también vemos un incremento del abandono y finalmente primero de bachillerato es el que rompe toda la curva, que va subiendo en básica superior y en primero de bachillerato rompe. Quienes no abandonan en primero de bachillerato ya por lo general se quedan en la institución educativa y finalizan sus estudios.

¿Qué efectos tiene en la sociedad que estos estudiantes dejen sus estudios?

Más allá de las cifras, es importante considerar todos los defectos que puede tener la exclusión educativa o el abandono escolar. No son solamente efectos académicos y eso es sumamente importante que se considere. Si bien el entorno educativo está para generar este proceso de aprendizaje, su principal objetivo es garantizar el desarrollo integral. Este implica aspectos socioemocionales y también de protección, por eso cuando mencionamos la importancia de permanecer en el sistema educativo y en retomar la modalidad presencial, estamos también hablando de garantizar que el sistema de protección tenga su primer eslabón garantizado que es la detección temprana. Cuando un niño o niña o adolescente deserta del sistema educativo, lo que generamos es una vulneración no solo del derecho a la educación sino de muchos otros. Lo más seguro es que esta persona se vincule con temas como trabajo infantil y precarios, con más de 15 años no acceda a la garantía de todos sus derechos laborales. Es muy probable, en el caso de las chicas o de las mujeres que desertan, que vivan experiencias de violencia basada en género porque la violencia patrimonial, es decir, quien lleva el recurso al hogar, también está muy latente. Podemos tener hechos de violencia que terminen en femicidios. Hay una mayor propensión a uso y consumo de drogas, la trata y el tráfico de personas.

Los que abandonan replican el círculo de la pobreza.

Entonces abandonar la escuela no es solamente perder aprendizajes de asignaturas o de conocimientos sino que efectivamente además estamos poniendo a este grupo en una situación de desventaja, llena de vulneraciones de derechos frente a quienes sí están terminando sus estudios, los que seguramente tendrán la posibilidad de romper círculos de pobreza. Esto tiene una repercusión directa en toda la comunidad. Hay que entender este tema del abandono o la exclusión educativa desde una perspectiva mucho más amplia, por eso nuestro principal interés es el de retomar a las clases presenciales donde podemos garantizar no solo los aprendizajes con las mejores metodologías y con todos los procesos pedagógicos que están ya instaurados, sino también el sistema de protección integral, que nos permite detectar a tiempo cualquier riesgo, prevenirlo y actuar en la medida en la que requiramos con las entidades correspondientes. (I)