Unas veces primó el desempeño diplomático y otras, el deportivo; en ocasiones se enalteció una trayectoria política y en otras, una intelectual; e incluso el reconocimiento se extendió tanto a personas como a instituciones.

El presidente Lenín Moreno ha entregado 61 condecoraciones durante sus dos años y nueve meses de gestión, la más reciente fue a Debbie Jessika Mucarsel-Powel.

Ella nació en Ecuador y desde el 2018 es congresista de los Estados Unidos. Por tal motivo, Moreno le extendió la condecoración de la Orden Nacional Al Mérito en el grado de Gran Oficial, durante su reciente visita a Washington.

Esa es la distinción que más ha concedido –en sus diversos niveles–, en 57 ocasiones. Le siguen la de la Orden Nacional de San Lorenzo, dada dos veces; Orden Nacional Honorato Vásquez, una; y Al Mérito Atahualpa, una.

Publicidad

La decisión de entregar las medallas de orden nacional es del presidente de la República, mientras que la de Al Mérito Atahualpa, de las Fuerzas Armadas. La institución militar traslada su pedido al mandatario, y él lo solemniza.

Cada tipo de condecoración tiene su reglamento, que detalla quiénes pueden ser acreedores en los diversos grados.

El internacionalista Benjamín Rosales explica que las insignias buscan reconocer a un ciudadano nacional o extranjero por haber realizado un “servicio relevante” al país.

Los foráneos están en minoría con doce de las 61 distinciones. Nueve acreedores fueron diplomáticos acreditados en Ecuador y tres, gobernantes en funciones.

Estos extranjeros, salvo uno, recibieron la orden Al Mérito en un grado acorde con su jerarquía como autoridades.

Moreno galardonó a tres cónsules en la clasificación Oficial; a cinco embajadores, en la Gran Cruz; y a dos presidentes y un emir, en la Gran Collar.

Publicidad

Además confirió la orden Honorato Vásquez a un embajador, honrado con la Gran Cruz tal como sus similares.

Fuera del ámbito diplomático, Moreno también escogió la placa Al Mérito para exaltar aportes musicales, deportivos e intelectuales.

Así, 40 artistas del pasillo recibieron la insignia en el grado de Caballero; el futbolista Antonio Valencia y el ciclista Richard Carapaz, la Oficial, por sus respectivos logros en el club inglés Manchester United y en el torneo del Giro de Italia; y el ecuatoriano Inty Gronneberg, la Comendador, por ser el “inventor del año” según la revista MIT Technology Review.

La misma medalla, en su nivel Oficial, recibieron dos pabellones: el del equipo Independiente del Valle y el del Banco Interamericano de Desarrollo (BID). El primero por ganar la Copa Conmebol 2019 y el segundo por su “encomiable labor” en el país, se indicó en el decreto ejecutivo.

Otra bandera homenajeada fue la de los Granaderos de Tarqui, pero con la orden de San Lorenzo y en el grado Oficial, por su aniversario 100.

El excanciller y embajador Antonio Parra Gil anota que “se acostumbra mucho” condecorar a una institución, a través de su pabellón, por lo que simboliza.

La medalla de San Lorenzo también fue extendida a la familia de Julio César Trujillo, un político, académico y activista que murió en el 2019. Su último cargo fue el de presidente del Consejo de Participación Ciudadana transitorio.

Por último, la orden Al Mérito Atahualpa que Moreno solemnizó para las Fuerzas Armadas fue para un instructor.

El experto en derecho internacional Mauricio Gándara opina que los gobiernos, en general, han ‘abusado’ de la concesión de estas distinciones; “por no decir prostituido”.

Él advierte que muchas de las condecoraciones no obedecen a un “mérito especial”, sino a favores o porque un presidente busca “quedar bien”.

Rosales indica que los mandatarios deben ser “muy cuidadosos” al escoger a los candidatos para así “no excederse” ni “desvalorizar el significado de las medallas”. (I)