A través del tiempo, la vitamina C se ha convertido en un legendario suplemento vitamínico. La mayoría de gente la toma en épocas de cambio de clima para evitar resfriados, y hay quienes hasta aumentan su ingesta ante los primeros síntomas al sentir congestión. Pero ¿qué dicen los expertos sobre esta vitamina?, y lo más importante: ¿es tan efectiva como se cree?

Linus Pauling, uno de los que más intervino en la historia de la vitamina C, es un ingeniero químico estadounidense y divulgador que ganó el premio Nobel en 1954. Pauling fue diagnosticado en 1941 con la enfermedad de Bright, una dolencia renal que lo obligó a llevar una estricta dieta sin sal y baja en proteínas, acompañada de suplementos vitamínicos.

Su exitoso tratamiento para controlar la enfermedad llevó a Pauling a interesarse en la idea de la medicina ortomolecular, un concepto que consiste en incrementar la concentración de sustancias ya presentes en el organismo con el fin de prevenir o curar ciertas enfermedades. Dicho de otra manera, consiste en tomar vitaminas para mejorar la salud.

Desde los años 70, Pauling inició la moda de usar vitaminas, y su defensa de la vitamina C caló muy hondo en la cultura popular. El ingeniero químico llegó a defender la idea de que la vitamina C podría curar el cáncer y publicó varios artículos al respecto, lo que acarreó una larga controversia con el médico británico Ewan Cameron, cuyos estudios para la Cínica Mayo se sustentaban en que la vitamina C no tiene un verdadero efecto sobre el cáncer “mayor del que puede tener el placebo”, y que Pauling se habría dejado llevar por el entusiasmo.

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¿Cuánto realmente ayuda tomar vitamina C?

Hoy en día, diferentes grupos de investigadores han publicado conclusiones a favor y en contra del uso de la vitamina C para prevenir o curar diferentes enfermedades, aquel es el escenario de cada día de esta sustancia. Centros médicos que defienden la medicina ortomolecular, como el Linus Pauling Institute, aseguran que la ingesta regular de la vitamina C crece acorde a la respuesta inmune ante diversas dolencias.

Por otro lado, en 2013 un equipo de médicos publicó el estudio más exhaustivo que se conoce hasta la fecha sobre los efectos beneficiosos de la vitamina C, en relación a la prevención y tratamiento del resfriado común. El informe analizaba los resultados de otros 29 estudios previos con más de 11.000 participantes. Y su conclusión fue la siguiente:

“Tomar vitamina C no reduce la posibilidad de contraer un resfriado, ni reduce la duración de este”.

Sin embargo, la vitamina C reduciría a la mitad la posibilidad de contraer resfriado en personas sometidas a una actividad física y a un desgaste extremo. Y por personas sometidas a un desgaste extremo no se refieren a trabajadores de oficina muy estresados por el trabajo en tiempos de coronavirus, se refieren a corredores de maratón, esquiadores profesionales de fondo o soldados realizando maniobras en entornos subárticos.

Si vives en este tipo de ambientes, tomar vitamina C es una buena idea. Foto: Pexels

En otras palabras, tomar vitamina C no evitaría que te resfríes si eres una persona normal, con una salud normal, pero sí que podría ayudar en casos severos de deficiencia de esta vitamina. El Instituto Nacional de la Salud de Estados Unidos lo explica de la siguiente forma:

“Hasta ahora, la evidencia científica sugiere que la ingesta regular de vitamina C en al menos 200 miligramos diarios no reduce la incidencia del resfriado común en la población general, pero esa misma ingesta podría ser útil en personas sometidas a ejercicio físico extremo, condiciones de frío extremo o niveles marginales de vitamina C, como los ancianos o los fumadores crónicos”, explica el informe.

Profesionales de la salud recomiendan seguir una dieta saludable, rica en frutas y vegetales, ya que de esa forma podrías ingerir la suficiente vitamina C que necesitas. Tomar un suplemento no tendría “nada de malo”, mientras los pacientes tengan en mente que aquello no los hará inmunes a los resfriados o las gripes. La cantidad máxima recomendada por día es de 65 a 90 miligramos, mientras que la dosis máxima permitida es de 2.000 miligramos. (F)