Hay motivos para el optimismo en el área del cuidado, según el informe Forecast Healthcare 2024, publicado en diciembre del año pasado y compartido por la firma consultora española LLYC.

Javier Marín, director sénior del área de Healthcare en la región de las Américas, nos explica cuáles son, a partir de este estudio, las razones para ser optimistas en el panorama de la salud.

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  • La pandemia hizo que muchos Gobiernos se dieran cuenta de lo que vale la pena, que una sociedad sana es una sociedad productiva, que hay que invertir en salud.
  • Las farmacéuticas y biofarmacéuticas descubrieron la colaboración para poder desarrollar medicamentos y vacunas más pronto y enfrentar amenazas a la salud pública.
  • Los individuos reaprendieron conductas sanitarias sencillas, como el lavado de manos y el uso de tapabocas cuando se está pasando por un proceso infeccioso respiratorio.
El lavado de manos es un ejemplo claro de responsabilidad del propio cuidado, posicionado en tiempo de pandemia. Foto: Shutterstock

La inversión sería, principalmente, en el tratamiento de enfermedades oncológicas, inmunológicas y crónicas no transmisibles. “Tienen un peso importante en el sistema de salud, porque cuestan mucho, y en los pacientes, porque son como una sentencia de muerte”, dice Marín, quien empezó a trabajar en el Ministerio de Salud mexicano cuando el sida era epidemia entre grupos de alto riesgo y entraron en acción los antirretrovirales. Entonces tuvo entre sus primeras responsabilidades diseñar campañas de comunicación para modificar ciertos hábitos e influir en los grupos vulnerables.

Un llamado a la preparación ante futuras pandemias

Él comparte que, en la actualidad, si bien hay muchos avances con respecto a la década de 1980, las innovaciones todavía se toman su tiempo. Tardan al menos cuatro años en llegar a Latinoamérica, después de haber sido aprobadas por la Agencia Estadounidense de Alimentos y Medicamentos (FDA) y la Agencia Europea de Medicamentos (EMA). “El diálogo tiene que seguir”.

Inteligencia artificial y big data para mejores decisiones de salud

Pero no es lo único que se ha aprendido. Está también el uso de los macrodatos o big data y de la inteligencia artificial en la salud. Estos han ayudado a que los centros de investigación puedan desarrollar a gran velocidad estudios clínicos que antes podían tomar diez años. “Hoy se hacen en tres años”, dice Marín, comunicador con experiencia en proyectos de enfermedades transmisibles.

Los estudios clínicos pueden beneficiarse de los macrodatos y la inteligencia artificial. Foto: Shutterstock

Los estudios clínicos ayudan a determinar si un medicamento puede o no salir al mercado, la dosis y la toxicidad, y cuánto beneficio va a dar. Adicionalmente, permiten establecer una medicina más personalizada. “Ahora vemos desde la perspectiva del paciente. Cuando empezamos a analizar cómo se siente después de un diagnóstico (a través de herramientas de IA, de foros, de redes sociales) es importantísimo, nos da pistas. Antes no se ponía atención a esto, ahora lo podemos analizar: ¿Cómo se sienten con su médico? ¿Qué opinan del hospital donde se están tratando?”.

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En el caso de las enfermedades crónicas no degenerativas hay cuatro factores que se pueden modificar con comunicación: la alimentación, el ejercicio, el consumo de alcohol y el abandono del tabaco.

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“Si modificamos con campañas de comunicación estos cuatro elementos, podemos reducir el impacto estas enfermedades en un 40 %”, estima Marín. “Vamos a reducir el costo de los sistemas de salud del paciente, no va a llegar tan enfermo al médico, hacemos un sistema de salud más sostenible, con un enfoque más preventivo que curativo”.

Una de las conclusiones del estudio es que nosotros podemos cambiar el curso de nuestra vida, manejando la información correcta y teniendo hábitos mucho más sanos. Esto es importante porque la comunicación de médico a paciente sigue siendo unidireccional, especialmente en el caso de las enfermedades cardiovasculares, que son la primera causa de muerte en casi todos los países latinoamericanos.

¿Qué significa esto? Que escuchamos por TV y radio mensajes sobre comer bien, ir al chequeo o no fumar. “Cuando se emiten esos mensajes, nosotros (especialistas médicos, responsables de políticas sanitarias, personal de salud, grupos de pacientes) asumimos que la gente lo entiende”.

Y comer bien puede significar algo distinto para casi cada persona. Tres veces al día, sopa o arroz, un taco o un sándwich en la calle. ¿Qué es comer bien? ¿Y qué es hacer ejercicio físico? “Tenemos que explicarlo y utilizar los canales donde están las personas para crear una conexión y que sea una comunicación bidireccional, entendiendo lo que nos dicen, tocándoles las fibras y explicándoles de manera que modifiquemos sus comportamientos. Hay mucho trabajo que hacer”.

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El mayor impacto se ha visto en enfermedades catastróficas como el cáncer, al animar a la autoexploración o la mamografía, en el caso de cáncer de mama; al papanicolaou, en el caso del cáncer cervicouterino, y en la vacunación contra el virus del papiloma humano. “Por qué? Porque nos ha tocado ver lo destructivas que son, pero en aquellas que vemos lejanas y cuyo costo asumen los gobiernos, se ha logrado muy poco, y tenemos que seguir trabajando”.

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El cambio a un modelo preventivo ayudaría a evitar que un paciente entre de golpe a tratamientos de alto costo (hospitalización, tratamiento, personal) y con un plazo reducido para actuar. Para evitar llegar a eso, a más de instaurar políticas públicas para una alimentación más saludable, por ejemplo, es necesario lo que Marín llama un empoderamiento. “Que nos hagamos responsables de de nuestra salud y tengamos un rol mucho más activo. Y que el Gobierno invierta en lo preventivo, entonces tendremos oportunidad”.

Mientras tanto, un grupo de tratamientos prometedores se alistan a hacer aparición a lo largo de este año. “En donde habrá más avance es entre los medicamentos que cambian el curso de la enfermedad o la detienen, es decir, no hay más progresión, o la curan, sobre todo en algunos cánceres y enfermedades inmunológicas”.

La técnica Crispr puede ayudar en el caso de las enfermedades oncológicas e inmunológicas. Foto: Shutterstock

Un ejemplo: las leucemias o cánceres líquidos o de la sangre, se tratan extrayendo linfocitos del paciente, modificándolos con inteligencia artificial en el laboratorio y recodificándolos para volver a inyectarlos, y que puedan combatir los tumores.

“En este momento, la identificación y modificación de genes, las pruebas genéticas y moleculares son caras y poco accesibles, pero van a ser cruciales en cuanto se vuelvan más populares, como el Crispr”.

Se refiere a las secuencias repetitivas de ADN de ciertas bacterias, que actúan como autovacunas o mecanismo inmunitario frente a los virus. “Puede detectar en qué parte de tu mapa genético hay un daño. Lo corta, vuelve a unir y elimina la enfermedad que pudiera aparecer años después”.

Pero también hay retos. “La pandemia dejó un rezago tremendo en vacunación, muchos niños se quedaron sin vacunas y es el momento de retomar la inoculación contra el VPH y el herpes zóster. Necesitamos hablarles a los padres de la importancia de las vacunas y entender que podemos erradicar estas enfermedades completamente”. (I)