Movilizar la pelvis sin hacer presente que el cuerpo es un todo no va a aliviar las tensiones cervicales. Lo que está provocando esta tensión es justamente el no tener presente esta realidad. Compruebe cómo cambia su movimiento en función de la idea que tienes de él.

Piense que su cuello empieza en la base de la cabeza y termina donde empieza el tronco. Y con esa idea en mente baje la cabeza como si fuese a leer un libro, luego levántela para mirar al frente y luego hacia el techo.

Ahora piense que su cuello inicia en la coronilla y termina en el cóccix, su última vértebra, como si fuese una serpiente. Y repita los movimientos anteriores.

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Piense que entre sus huesos pélvicos está la parte baja de su espina dorsal. De manera que si sufre tensión sostenida en la pelvis es como si alguien estuviera sujetando todo el tiempo sus últimas vértebras.

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Al estar en el centro del cuerpo, una alteración de la movilidad de la pelvis produce efectos directos sobre piernas y pies, y también sobre la parte alta del cuerpo. Foto: SolStock

Cada parte del cuerpo está entrelazado

El cuerpo es una unidad, un todo. Una lesión en cualquier área de nuestro ser, altera el movimiento global de toda nuestra estructura corporal. Ya que el resto del físico tiene que reorganizarse para seguir funcionando, mientras que la zona inhabilitada se recupera.

Por ejemplo, la inmovilidad en una mano afectará de manera directa al codo, al hombro, a las cervicales y al pecho. Entonces, ¿Qué ocurriría si la inmovilidad, por lesión o tensión, estuviera en la pelvis?

Al estar en el centro del cuerpo, una alteración de la movilidad de la pelvis produce efectos directos sobre piernas, pies, y también sobre la parte alta del cuerpo, tal como reseña Cuerpo Mente.

A continuación, queremos contarle cómo puede ayudarle tener estos vínculos presentes en el alivio de la tensión cervical con estos ejercicios.

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Ejercicios de pelvis para aliviar el dolor de cuello

Seguramente habrá sentido diferencias notorias en cuanto al movimiento global del cuerpo: mayor movilidad de la zona dorsal, lumbar y pélvica.

Ahora sí, con esta idea del cuerpo que permite que todos los tejidos se impliquen en cada gesto, le proponemos un ejercicio muy sencillo para aflojar la tensión cervical:

  • Túmbese boca arriba, con las piernas flexionadas y los pies apoyados en el suelo.
  • Su cabeza descansa sobre el suelo o una manta doblada.
  • Empiece a balancear sus piernas de lado y lado como si estuviera moviendo un cuenco lleno de agua, es decir, su pelvis. Es un movimiento pequeño y ligero, la idea es que el agua no se salga del cuenco.
Movilizar la pelvis sin hacer presente que el cuerpo es un todo no va a aliviar las tensiones cervicales. Lo que está provocando esta tensión es justamente el no tener presente esta realidad. Foto: DragonImages

A medida que repita el gesto afloje el cuerpo, déjelo descansar cada vez más sobre el suelo y observe cómo el movimiento de la pelvis se va transmitiendo por la espina dorsal hacia arriba.

Quizá en el primer intento o repitiéndolo algunos días más, llegará a sentir que con el movimiento de sus piernas llega a balancear su cabeza.

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Recuerde que el cuerpo no es como pensamos y que la idea que tenemos de él nos condiciona.

(I)

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