La Era 4.0 empezó hace unos años ya con la explosión de los smartphones o teléfonos inteligentes, que redefinieron al mundo, pues estas herramientas móviles abrieron infinitas posibilidades de crecimiento y desarrollo de estilos de vida y negocios.

Para quienes no están familiarizados con el término Era 4.0 sintetizaré su génesis: Era 1.0 o Internet 1.0 implicó internet como herramienta con comunicación directa; Era 2.0 consistió en internet más emails, Era 3.0 implicó lo anterior más redes sociales; Era 4.0 es la sumatoria de lo previo más smartphones, Blockchain, Contratos Inteligentes, Inteligencia Artificial, Internet de las Cosas y criptomonedas.

En este escenario vertiginoso, desafiante, volátil e inestable, como toda nueva era, Ecuador aparentemente fue pillado desprevenido, sin reacción, pues, por un lado, gran parte del liderazgo político no entiende o no quiere entender que vivimos en el Siglo XXI y no en el Siglo XIX, y, el liderazgo empresarial todavía no toma conciencia de las cosas, así también la sociedad en general, pues durante muchos años vivieron sin mayores altibajos.

La pandemia obligó a muchas empresas a volver el rostro a cosas tan básicas en términos tecnológicos como teleconferencias o teletrabajo, opciones que en el resto del mundo tienen varios años operativas con mucho éxito. Ecuador necesita reinventarse, no puede pretender seguir haciendo lo que hacía hace solo diez años y esperar ser altamente competitivo, eso no es posible.

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El liderazgo político debe entender que primero hay que permitir que las cosas pasen para posteriormente regularlas, a lo contrario; es decir, no se puede intentar siquiera regular algo dinámico y cambiante como la tecnología aplicada, con fines recaudatorios o fiscales, pues ese intento será vano y podría anclar para siempre al país al subdesarrollo.

Nuestro país debe entender que en la Era 4.0 no se pueden poner cortapisas como retenciones al IVA e Impuesto a la Renta, porque equivalen a poner vigilantes acostados en una pista de Fórmula 1; lo dicho, además, es un claro atentado a la libertad para emprender y es una manifestación profunda de desconfianza del estado hacia los contribuyentes, cuando debería ser exactamente lo contrario.

Ecuador necesita capacitar al menos a ocho millones de personas en temas de negocios digitales y nuevas tecnologías, de ellos quedará el remanente que será el que active el cambio. Hagamos números: si cada año se incorporan 10,000 emprendedores que facturen solo $ 100.000 al año ($ 8.000 mensuales), generaremos $ 1.000 millones adicionales al PIB, si duplicamos esto anualmente, en cinco años podríamos obtener $ 15.000 millones acumulados, directo a la vena de la economía.

Y solo para empezar…

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Las cifras que se manejan en la Era 4.0 son descomunales, por lo tanto, nuestro sistema bancario, jurídico y tributario debe abrir sus respectivas mentes para entender que dos o tres mil millones de dólares son pan comido, por lo tanto, que empresas manejen ese nivel de transacciones o flujo de efectivo es absolutamente normal y cotidiano, o que empresas que no tengan ni oficinas físicas generen miles de trabajos a distancia con miles de millones de dólares en negocios no es nada inusual.

Pero…

Me pregunto, ¿Ecuador está preparado para esto?, evidentemente no. Hoy si se transaccionan más de $500.000 al mes se disparan las alarmas y todos los organismos de control caen encima, por eso es por lo que emprendedores con visión migran a sociedades preparadas para esta era, como las europeas o asiáticas.

No imagino cómo será la vida de un emprendimiento exitoso si llega a facturar solo quinientos millones de dólares al año con base a tecnología…

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En tal virtud, ¿hasta qué punto estamos listos?, ¿o solo es cuestión de parafernalia?

Considero que Ecuador para competir y prosperar en la Era 4.0 necesita:

1.- Leyes que fomenten el desarrollo de nuevas tecnologías, incluye Blockchain y activos digitales.

2.- Reglas tributarias similares a la de países que han prosperado con tecnología, es decir, que sean ligeras, directas, no confusas.

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3.- Estimular transacciones digitales en detrimento del dinero en efectivo, pues este tiene altos costos, además que no es amigable con el medio ambiente y finalmente es puerta abierta para corrupción, crímenes y violencia.

4.- Entrenar a millones de ecuatorianos en las nuevas realidades de negocios.

5.- Fomentar emprendimientos con base tecnológica aplicada, crear zonas francas o ejes de desarrollos; las universidades podrían involucrarse y aportar su infraestructura física como parte societaria, y claro, participar de sus ganancias. Los municipios también pueden involucrarse en esto.

6.- Impulsar ciudades inteligentes, que incluyan sus respectivas criptomonedas.

7.- Fortalecer la cultura de teletrabajo, en lo que aplique, evitando el traslado innecesario a centros físicos al menos dos o tres días a la semana, con esto se evitará el consumo de combustibles fósiles y por tanto, contaminación; además que se evitarán accidentes y atascos en el tránsito.

8.- Reorganizar el pénsum académico de colegios donde se enfatice la enseñanza de temas tecnológicos como programación y desarrollos que escalen en complejidad, donde también se estimule el deseo de emprender y tener autonomía.

9.- Implementar Inteligencia Artificial en procesos de compras públicas, lo que cortará de raíz todo intento de corrupción, y que en máximo dos años, eliminará la carga del déficit fiscal.

10.- Activar e-Government o Gobierno Electrónico, donde el 99% de los trámites burocráticos sean solucionados online.

11.- Fomentar la creación de fondos de inversión privados, ya sea de bancos o empresas para invertir en emprendimientos FinTech, InsuranceTech, LegalTech, Blockchain y otros que impliquen altos riesgos, pero también, grandes oportunidades de ganancias, sobre todo escalables globalmente.

El cambio a la nueva era digital depende más de decisiones políticas que tecnológicas, todo está en función del impacto que quiera causar el liderazgo; no debemos olvidar que Estonia, exrepública soviética que terminó en bancarrota luego de la caída del sistema comunista, en 1990 tenía su PIB per cápita inferior al de Ecuador de ese entonces, ¡hoy lo quintuplica!, debido a que se enfocaron en desarrollar tecnologías.

La nueva riqueza de las naciones está en la generación de valor, no en la explotación de recursos naturales o la exportación de materias primas, esencialmente importantes, pero insuficientes para alcanzar desarrollo y bienestar.

Solo la tecnología produce ingentes cantidades de valor, de ahí sale el margen de maniobra que nos llevará al desarrollo. Si los estonios pudieron, con seguridad también nosotros. (O)