Hay ocasiones en que debemos enfrentar situaciones de fuerte impacto emocional que suceden inesperadamente (por ejemplo, ser despedido intempestivamente del trabajo, descubrir una infidelidad), y no atinamos a reaccionar con claridad.
Nuestro ego se siente amenazado y disminuido en su capacidad para resolver el problema. En estas condiciones a menudo la mente pone a funcionar sus mecanismos de defensa para evitar el colapso del yo.
La forma usual es distorsionando la percepción y, por ende, la interpretación de la realidad dolorosa hasta que gradualmente el tema se vaya resolviendo ya sea por el paso del tiempo, la presencia del pensamiento lógico (el razonamiento), la intervención profesional o una combinación de todo ello.
Cabe enfatizar que estos sistemas defensivos son inconscientes; esto es, son imperceptibles para la mentalidad consciente del protagonista. La negación es uno de los medios más utilizados para amortiguar el golpe emocional causado por un evento doloroso: la persona afectada rechaza aceptar que el hecho ocurrió (“Yo estoy sano, ¡no tengo por qué regresar donde el médico!”, después de recibir un diagnóstico grave; “Mi hijo es ejemplar, ¡todas son calumnias!”, luego de conocer que él ha sido demandado por deshonestidad; “El matrimonio es así, peor es vivir solo”, en vez de enfrentar los conflictos).
A corto plazo la negación puede ayudar a que el individuo pueda ir gradualmente absorbiendo (aceptando) la dura realidad, aunque al actuar así puede no realizar acciones que evitarían que la situación empeore con el paso del tiempo.
Una relación de amistad, por ejemplo, puede volverse tóxica con el paso del tiempo; un amigo puede querer sacar ventajas de la otra persona continuamente y esta negarlo aun cuando sus otros amigos se lo subrayan (“¡Ha sido mi mejor amigo desde la infancia, eso es imposible!”, permitiendo que el abuso continúe).
Reconocer la negación es, muchas veces, el primer paso para empezar a enfrentar la realidad y tomar decisiones más saludables, incluso cuando ello implique atravesar incomodidad y dolor. La guía de un psicoterapeuta calificado puede ser de gran ayuda en el camino hacia la superación de este trastorno emotivo. (O)














