“Mónica tiene una inteligencia incisiva, no desperdicia palabras”, me dice David Barreto comentando su experiencia al entrevistar a Mónica Ojeda. “Incluso cuando entra un poco en confianza, su inteligencia se mantiene alerta y cada vez que dice algo se percibe un mundo de ideas, reflexiones, lecturas, nombres, continentes de información”.

Con un académico del nivel de David Barreto (Ph. D. en Filosofía Crítica en la Universidad de Pensilvania), siempre tuve que recordarle que estábamos escribiendo no para una revista literaria, sino para una publicación dominical que llega a los niveles más dispares. Al igual que Mónica, él no se hace problemas con el asunto y la prueba es el reportaje que marca su debut en La Revista (pág. 18), el cual esperamos que no sea el único.

Los vuelos de la escritora ecuatoriana Mónica Ojeda

Yo tenía mucha curiosidad de ver ese zoom Quito-Madrid, pero me tuve que contentar con su claridad para describir el diálogo: “Ella (además de incisiva) es cordial y firme, con una firmeza que puede ocultar incertidumbres; pero hablar con Mónica es disfrutar de una conversación cálida e inteligente; diría incluso que la quisiera de amiga, porque se nota un sentido muy alto de empatía y de preocupación por los demás”.

La joven escritora, quien está nominada al Premio Finestres de Narrativa, es una guayaquileña de pura cepa salida de las filas de la Universidad Católica. Ahora, residiendo en Madrid, es una persona frontal con novelas estremecedoras sobre lo que se vive en el mundo actual. (O)