Cuando la argentina Florencia García llegó de visita a Guayaquil, pensó que sería un viaje de corta estancia y que en cuestión de unas pocas semanas estaría de regreso. No se imaginó que sería el inicio de una historia de amor y negocios con el guayaquileño Manuel Canepa, un fotógrafo, videógrafo y creador de contenidos audiovisuales cuya vida lo llevó a convertirse en cocinero y emprendedor gastronómico.

Los jóvenes Florencia y Manuel empezaron con su primer negocio durante la pandemia entregando a domicilio panes, pizzas, pastas y otros productos en Comedor Popular. Y ahora, con esa exitosa experiencia, son socios en el recién estrenado Masseria, un lugar familiar ubicado en la ciudadela Los Olivos, sobre la avenida Leopoldo Carrera 108. Es fácil reconocerlo por la gran puerta de color rojo que se ve desde la calle.

El lugar es sencillo, sin mucha decoración, pero con una inmensa carga de buenas vibras. Por un lado, en la cocina abierta pude ver a Manuel muy concentrado pero atento para saludar a los que íbamos llegando; y, por el otro, la alegría desbordante de Florencia, anfitriona y capitana del restaurante. Estamos en la época del mejor clima en la ciudad, así que pedí una mesa en la terraza para aprovecharlo y comer al aire libre. Tienen un menú variado, pero no extenso, entre pizzas, entradas y platos fuertes. Son catorce preparaciones, y de estas hay dos que se cambian periódicamente para hacerlo más dinámico.

Empecé con una pizza de bondiola affumicata ($ 13). Tenía base de pomodoro, queso mozzarella, jalapeños, cebolla colorada, bondiola ahumada y encima queso pecorino romano. Una combinación bien pensada, con sabores potentes, pero con buen balance, en donde el picante, la acidez y los ahumados se mezclaron perfectamente. Para alternar entre los bocados pedí los chiles dulces asados en aceite de oliva ($ 3). Estos pequeños pimientos complementaron deliciosamente.

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Siguiendo la recomendación de Florencia, probé el vitello tonnato ($ 12), un plato italiano que se consume mucho en Argentina. No lo comía desde hace muchos años, cuando me lo sirvieron en Buenos Aires con finos cortes de lengua de ternera. En esta ocasión fue con nalga de la vaca cocida a baja temperatura y luego asada al carbón. La salsa de mayonesa con atún, alcaparras y anchoas estuvo deliciosa.

Canepa es un cocinero con paciencia; realiza muchas cocciones largas, con las que logra que las proteínas alcancen texturas formidables. Así fue la bondiola de cerdo ($ 10), que pasó 18 horas de horno antes de llegar al plato. Carne llena de sabor, con crocantes y jugos que hacen una superexperiencia. Vino acompañada de aligot de queso azul con toques de manzana. Me parece que le faltó poder al queso para que hiciera más presencia en boca; además, parecía una salsa que no tenía consistencia de papas majadas.

La carta de vinos fue elaborada por el sumiller francés Nicolas Buatois, y tiene una muy buena selección de doce vinos con variadas cepas y procedencias. Sus precios van desde un rosado de garnacha español por $ 24 hasta un espumoso francés por $ 120.