Muchos padres educan a sus hijos adolescentes con amor y buena intención, pero con herramientas que pertenecen a otra época. Nuestros padres nos formaron para un mundo que ya no existe y, aunque los valores que deseamos transmitir siguen siendo los mismos –respeto, honestidad, esfuerzo, responsabilidad, entre otros–, la manera de hacerlo necesita una profunda actualización.