Esta vez decidí hacer un viaje gastronómico para visitar Casa Martina, un restaurante que recientemente abrió en Machala y donde Ángelo Elizalde ha puesto toda su experiencia y años de trabajo en cocinas europeas con estrellas Michelin, así como su paso por Le Gourmet del hotel Oro Verde de Guayaquil, para lograr un espacio en donde busca acercarse a la gente con un menú italiano biodinámico, orgánico y sustentable.

El lugar tiene una decoración moderna, con una capacidad de atención de solo treinta personas por lo que hace uso de todos los espacios. Es posible sentarse en una barra desde donde se tiene en primer plano al equipo de trabajo. Aunque no es novedad la cocina abierta, porque la usan en algunos restaurantes, lo que hace la diferencia es el contacto con el chef. Pude ver cómo Elizalde dedicó tiempo para salir y explicar con detalle cada preparación a todos sus clientes.

Todo empezó con una cortesía de ricota casera batida bañada con aceite de oliva aromatizado y reducción de fresas con vinagre balsámico, acompañada de pan de masa madre. El queso tenía una fresca textura muy cremosa, que se mezcló fácilmente e hizo un recorrido suave sobre el pan recién hecho y ligeramente tostado.

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Continué con polpette de rabo de toro ($ 8), estas deliciosas albóndigas antes de llegar a la mesa fueron guisadas en vino tinto, luego posadas en el plato sobre una ligeramente picosa ahumada mayonesa y bañadas por queso Grana Padano. Llenas de sabor, firmes por fuera y jugosas por dentro, fueron un espectáculo.

De las pastas y arroces probé cavatelli a la norcina ($ 13,50), pici a la carbonara ($ 11,75) y risotto di zucca ($ 12). No había comido cavatelli antes, al verla me parecían unos delgados ñoquis, pero su masa cocinada al dente no eran de papa. La salsa tenía salchicha artesanal de ajo, un dejo de trufa y crocante de kale frita, buena combinación y perfecto manejo de sabores, un plato que me resultó redondo al paladar.

La carbonara es la salsa engreída del chef, se elabora con guanciale que proviene de cerdos de sus propios criaderos y huevos de gallinas criollas. Deben ser muy pocos los restaurantes en nuestro medio en donde la cercanía entre el producto y la mesa esté tan presente. Un plato sencillo, con pocos ingredientes pero de calidad superior. El arroz de zapallo me sorprendió por la integración de sabores, tenía hongos shiitake, crema de burrata y cardamomo, todos jugaron su rol, pero ninguno fue más protagonista que otro.

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A continuación dos platos fuertes, pulpo asado con garbanzos y chorizo ($ 16,50), combinación ganadora que juntó el mar y la tierra de forma deliciosa. Al final un exquisito e intenso pato madurado ($ 19), solo fue sellado para dejar crocante la grasa y rosada su carne, una delicia acompañada de canelones rellenos de más pato y enjugados con salsa de la misma cocción.

Salir de la ciudad, cambiar la rutina y disfrutar de una sabrosa comida es sumamente gratificante. Les recomiendo el paseo, sigan la ubicación que aparece en @casamartina_ec, que aunque desde Guayaquil sí les tomará tres horas en llegar, no se arrepentirán. (O)