El vino es uno de los licores con mayor crecimiento en su consumo, sobre todo desde el 2017, año en que Ecuador eliminó las sobretasas arancelarias para los vinos europeos, castigados hasta ese momento frente a los sudamericanos. Desde el 2018, los europeos compiten de igual a igual, siendo el vino español el de mayor crecimiento. Es un producto que está de moda.

La mayoría de la producción mundial de vino está concentrada en diez países, en el siguiente orden: Italia, Francia, España, Estados Unidos, Argentina, Australia, Sudáfrica, Chile, Alemania y China.

Los tres primeros, casi empatados, son responsables por el 63 % de la producción mundial, cada uno con el doble de volumen que Estados Unidos, y más del cuádruple de los del siguiente grupo, en el que están igualmente casi empatados Australia, Sudáfrica, Argentina y Chile.

Publicidad

Uno de los factores fundamentales a destacar en la producción de vino es su crianza. Esto es el proceso que ha pasado el vino en barricas de roble luego de haber ocurrido la primera fermentación alcohólica, por lo general en tanques de acero inoxidable.

Al lector se le hará más fácil asociarlo con el whisky, licor con el que el ecuatoriano está más familiarizado. En este producto, la ley que protege el whisky escocés obliga a que esté mínimo tres años en una barrica de roble para poder llamarse Scotch Whisky. Ahora, imagine la inmensa diferencia que hay entre un whisky de tres años y uno de 8, 12, o 21 años.

Es lo mismo con el vino. La crianza, creada por los celtas y perfeccionada por los franceses, es un proceso mediante el cual el paso por la madera de la barrica mejora las características de un vino. De hecho, no todos los vinos son aptos para la crianza, deben tener una serie de características de calidad, como cantidad suficiente de taninos, acidez, cuerpo, grado alcohólico, etc., para que la madera favorezca a su evolución. La madera transmite al vino una serie de sustancias aromáticas y gustativas que químicamente modifican su aroma y sabor.

Publicidad

Dicho esto, ciertos países han desarrollado una legislación que protege al consumidor. Los países productores sudamericanos no tienen ninguna legislación que informe si un vino ha pasado o no por un proceso de crianza. La legislación chilena, por ejemplo, califica como reserva o gran reserva al grado alcohólico del vino, y no a su proceso. La argentina tampoco. Son las europeas las legislaciones que más protegen al consumidor e informan sobre el proceso del vino. La española, por ejemplo, así como la italiana y la francesa, exigen que sus denominaciones de origen cultiven solo ciertas cepas, que tengan procesos que han sido reglamentados y que su producción tenga límites geográficos establecidos.

Así, cuando usted escoja, por ejemplo un vino español Reserva, podrá estar seguro de que ha pasado un proceso de crianza no menor a dos años, uno en barrica y otro en botella. Es que en el mundo del vino hay unos vinos, y hay otros vinos. (O)