Esas herejes pedradas contra el bus de Boca Júniors en la llegada al estadio de River Plate nos abochornaron y se llevaron el superclásico del fútbol argentino a Madrid. Allá se dirimió la final de la Libertadores. Vergonzante. Sin embargo, hubo decenas de incidentes peores en la Copa. Varios más violentos que pudieron terminar en tragedia. Siempre hará ruido aquel Santos 2, Peñarol 3 de 1962, en el que debieron jugarse 38 minutos de ficción, en los cuales Santos creyó haber empatado (hizo un gol Pepe), y se evitó una catástrofe.

















