“Empecé a seguir a la selección peruana en el Sudamericano de 1953, cuando se inauguró el estadio Nacional de Lima. Era hermoso porque todos los partidos del campeonato se jugaban en el mismo estadio. Creo que estuve en todas las jornadas. En total fui a quince Copas América”.
La frase es de Jorge Arriola Müller, alemán de nacimiento, peruano por sentimiento, a quien hemos apodado Míster Copa del Mundo, pues es el hincha récord en el planeta: asistió a 14 mundiales y en unos días viajará a su número 15: Canadá, Estados Unidos y México 2026.
—Estaré en Los Ángeles. Ya saqué el pasaje y tengo entradas para tres partidos: Estados Unidos-Paraguay, Nueva Zelanda-Irán y Suiza-Bosnia. Vamos a ver si consigo algunas más, pero está difícil como nunca; hay que ir a la reventa y los precios son altísimos; hablan de miles de dólares. Al llegar cumpliré justo 60 años con los mundiales. Empecé en Inglaterra 66. ¡Qué distinto todo…! En Liverpool podías ver a Brasil con Pelé y Garrincha y la entrada barata: para ver de parado, costaba una libra.
—¿En qué mundial fuiste a más partidos…?
—Alemania 2006. Fui a 16 o 17, no recuerdo bien, pero tengo todas las entradas. Fue muy práctico porque ibas a una ciudad en tren, terminaba el partido, volvías a la estación y tomabas el tren de vuelta. En eso Alemania es muy bueno. Hice base, como siempre, en casa de mi hermana Úrsula, en Heidelberg.
Los Arriola Müller son seis hermanos: Brigitte, Úrsula, Jorge, Soledad, Cristina y Dorle. Los tres mayores nacieron en Berlín y las tres menores en Lima.
No quería estar ausente en Sudáfrica, el primer torneo en el continente de Mandela.
—Tenía curiosidad por ver eso. Es una cultura tan distinta a la nuestra… Fue un mundial bien organizado, como todos los que hace la FIFA. Me dije: “Voy a un país donde dicen que matan gente y en el que hace mucho calor”. Todo al revés: fue muy pacífico e hizo un frío cruel. En el encuentro entre Brasil y Corea del Norte, en Johannesburgo, hizo cinco grados bajo cero. En el banco de suplentes los jugadores estaban tapados con frazadas. Ahí hice una locura, je…
—¿Cuál…?

—En medio del torneo venía mi cumpleaños, que es el 23 de junio. Me tomé tres días y me fui a Heidelberg a festejarlo con mi hermana y mis sobrinos, que fueron subcampeones olímpicos de waterpolo por Alemania. Apagué las velitas y me volví al Mundial.
Y en 2014 asistió en Belo Horizonte al que considera el resultado más insólito de la historia: Brasil 1 - Alemania 7.
—Los brasileños siempre dicen que por culpa de Perú no tienen una copa más, por aquel famoso 0 a 6 con Argentina. “¿Cómo es posible perder así?”, se preguntaban, pero ellos fueron goleados de locales 7 a 1. En el 78 no hubo nada raro; simplemente Argentina apabulló a Perú. El clima era increíblemente apasionado, un fervor impresionante, y ese respaldo se tradujo en el resultado. Entró un gol, otro, otro más y ya se derrumbó el equipo.
Se quejó de los precios de Rusia 2018, en el que volvió a ver a Perú en la fiesta grande.
—Para ir al Perú-Francia de Moscú a Ekaterimburgo el boleto aéreo me costó 1.300 dólares; 800 para volar a Saransk, donde Perú enfrentó a Dinamarca, y 900 de Moscú a Sochi para asistir al Perú-Australia. Y un taxi dentro de Moscú costaba 80 dólares. No se piensa en el aficionado. El público es el decorado. El mundial es para la televisión, aunque es lógico: al estadio van 60.000; por TV lo miran 1.000 millones.
—Ya dijiste que el gol de Maradona a los ingleses fue lo mejor que viste en 14 Copas del Mundo, pero ¿qué jugador te impresionó más?, ¿Pelé, Maradona, Messi…?
—(Piensa un poco) Huuummmm… Pelé. Porque además él engrandeció a Brasil. Antes de Pelé el fútbol brasileño era bueno, pero no ganador.
—¿Y el partido más extraordinario…?

—La famosa semifinal Italia 4 - Alemania 3, en México 70, el llamado Partido del Siglo, que lo dirigió un gran árbitro peruano y querido amigo, Arturo Yamasaki. Estábamos con un grupo de peruanos en el estadio Azteca, ganaba Italia 1 a 0 y el partido se moría. Iban 85 minutos y varios se levantan y dicen: “Ya esto queda así, vamos, así ganamos tiempo en la salida”. Y se fueron, justo en el minuto 90 empató Schnellinger, debieron ir a tiempo extra y ahí se desató un vendaval de goles. Mis amigos se perdieron lo mejor de los mundiales.
—¿Los goles que gritaste más…?
—No fueron por mundiales, sino en la eliminatoria: los dos de Cachito Ramírez en la Bombonera en 1969, cuando Perú eliminó a Argentina.
—¿Y el momento más triste…?
—En España 82, cuando Perú perdió con Polonia 5 a 1. Yo era dirigente de Universitario y fui como parte de la delegación.
—Una anécdota...
—En Estados Unidos 1994. Estábamos en Boston y se sentó en los los asientos de al lado mío una pareja muy elegante; ella una mujer preciosa, una modelo parecía. Hermosísima. Pero la gente se acercaba y le pedía autógrafos y fotos a él. Yo no sabía quién era. Luego pregunté y me dijeron: Marvin Hagler.
Limeño hasta los huesos. Tres de sus hermanas viven en Los Ángeles, Úrsula en Heidelberg y él y Brigitte en la capital incaica.
—Perú no va mucho a los mundiales. ¿A quién le vas cuando no está tu selección…?
—A Alemania y Argentina, por supuesto.
—¿Qué mundial te pareció mejor o te gustó más?
—Hubo dos. Como la primera enamorada, el Mundial de Inglaterra 66. La pasé muy bien, grandes partidos, grandes jugadores… Fuimos con un grupo del Club Lima Criquet. Creo que entre pasajes, estadía y entradas no llegué a gastar 2.000 dólares. Noooo, ni eso… Claro, era otra época, ¿no…? Estando en Liverpool jugaron Alemania y Unión Soviética. Esa tarde quedé deslumbrado con un joven zaguero alemán de 20 años que se estrenaba en los mundiales. Hizo un gol y salía jugando como un emperador: Franz Beckenbauer. Eran torneos con 16 equipos, los mejores dieciséis. Ahora, con 48, prácticamente vas a ver partidos de eliminatoria.

—¿Y el segundo…?
—El mejor de todos: Catar 2022. Eso fue la maravilla, en todo sentido. Y para el aficionado, realmente fantástico, todo perfecto, tranquilo, ordenado, simple, la tranquilidad, la amabilidad de la gente, y la comodidad de tener los ocho estadios a veinte minutos o media hora de metro. ¡Y gratis…! Las hinchadas iban juntas en el metro y no había problemas. Yo salía de cualquier estadio y a los quince minutos estaba en mi hotel. Fue hermoso en todo sentido.
Le preguntamos cómo hizo para hilvanar catorce mundiales y nos deja una de sus sentencias:
—Mira, un coleccionista, si tiene dinero, puede comprar lo que quiera. Relojes, autos, cuadros, y reunirlo todo en el momento. Esto es diferente: no es difícil ir a catorce mundiales, pero tienes que esperar 56 años. (O)






