Recuerdo con cariño el primer televisor que compró mi papá en 1960. Nos permitió descubrir un mundo nuevo, el de la imagen. Significaba entrar en otra era. Algo revolucionario, como lo fueron después Internet, el celular o las redes sociales. Mirábamos los dibujos animados, películas, algún partido si daban. Era una caja enorme con una pantalla pequeña. En blanco y negro, se veía borroso a veces, se caía la señal, los partidos se transmitían con una sola cámara y de costado. Si eran nocturnos uno debía imaginar que atacaba Racing y defendía Estudiantes, porque además la iluminación de los estadios era pobre, amarillenta… Muy elemental, pero quedó grabado en mi memoria aquel televisor marca Dumont. Ahora tengo uno de 70 pulgadas, a color, en alta definición, los partidos se transmiten con 32 cámaras, repiten las jugadas desde distintos ángulos con visión perfecta. A este no le tengo cariño, pero es mil veces mejor que aquel otro.
Lo mismo me pasa con el fútbol.
Con 8 años fui por primera vez a la cancha de Independiente con mi papá, mi hermano y un tío. Independiente 2 - River 1. Me formé como hincha en ese estadio viejo y feo que para mí era un templo sagrado. El campo era poceado y no tenía mucho césped. Me apasioné de tal manera que aún hoy soy capaz de ver dos partidos por día. Mis ídolos son, siguen siendo, aquellos de los 60 y 70, Pavoni, Yazalde, Bernao, Santoro, Pastoriza… Los arbitrajes eran muy malos, no había VAR, ni cambios había… Amo ese tiempo, amo el romanticismo, la sencillez y las historias que emanaban de ese fútbol. Pero se jugaba a dos kilómetros por hora, había enormes espacios vacíos, se marcaba a distancia… Siempre adoramos el fútbol. El de todas las épocas, aun en las que el juego era violento y especulativo.

Todo ello no me impide decir que el fútbol actual es extraordinario, muy superior a aquel. Es el producto de 150 años de evolución. En todo caso, y como homenaje a todo el tiempo transcurrido, digamos que dicha evolución es la acumulación de experiencias y la transferencia de conocimientos de todos los anteriores. Todo esto viene a cuento por el fabuloso Paris Saint Germain 5 - Bayern Munich 4 del martes pasado. Inmediatamente después de terminado el juego los medios de todo el mundo se hicieron la misma pregunta: “¿Fue el mejor partido de la historia del fútbol?”.
Es de difícil respuesta. Uno exprime la memoria, escarba y realmente no encuentra otra joya igual. No por los nueve goles, que también, sino por la ambición ofensiva de los dos equipos, el planteamiento generoso de los técnicos, la velocidad supersónica con la que se jugó (con que se juega en general hoy), la definición magistral en muchos goles, el ida y vuelta, la intensidad casi sobrenatural que hubo, muchas actuaciones individuales sobresalientes... Hubo entrega, presión, técnica, goles... Si uno se levantaba para ir al baño se perdía dos goles. Y todo con las dificultades que plantea el fútbol actual: pocos espacios, marcas encimadas, presión, la velocidad que induce al error, los arqueros gatunos de ahora que tapan bolas imposibles… Sin dudas ya es un partido histórico.
Es verdad que el juego se alocó y los protagonistas liberaron al niño que tienen adentro y que jugaba sin ataduras ni instrucciones. Como si alguien hubiese abierto una jaula en la que estaban encerrados veintidós pájaros y, una vez libres, salieron volando alegremente en todas las direcciones. Posiblemente lo emocional prevaleció sobre lo táctico, sin embargo, en una semifinal de Champions el resultado está presente en la mente de todos. Nadie olvida eso.
Y no es un lunar, estamos viendo muchos enfrentamientos notables en Champions. Antes, en las épocas en que se salía al 0 a 0, decíamos “y, se cuidan porque es una semifinal”. El año anterior, también por semifinal, el Inter venció al Barcelona 4 a 3 en otro choque colosal. Y la ida había sido 3 a 3. En la final el PSG despachó al Inter con un 5 a 0. Estamos viendo partidos brillantes a velocidad a la que no imaginábamos que se podía jugar con tal brillantez y acierto.

Increíblemente, esta perla preciosa despertó muchas críticas, sobre todo del periodismo (¡Oh, sí, los periodistas…!). Arguyeron “Falta de rigor defensivo”, “Planteamientos demasiado abiertos”, “Defensas mal posicionadas”, “Muchos errores individuales”, “No hubo control táctico”… Luis Enrique, DT del PSG, las calificó como “críticas de mierda”. Y explicó: “Los atacantes superaron muchas veces a los defensas, pero no porque hubiera un mal trabajo defensivo”. Seguro: no hubo fallas puntuales en los goles, ni de marcación ni posicionales. Fue virtud de los atacantes.
También en las redes sociales hubo legiones de ofendidos por las alabanzas a este partidazo. Juan Mojica, un tuitero, escribió: “Hace unos días se batió el récord mundial de la maratón, eso no quiere decir que los atletas de hace 100 años eran malos, solo que ha avanzado la preparación física, tecnológica, recuperación, etc. Con la preparación de hoy, seguramente Pelé sería el mejor jugador del mundo”. Es que no eran malos aquellos ni son mejores estos, el deporte avanzó y el espectáculo es mejor hoy que el de hace sesenta años, más vivaz, más veloz, mejor jugado. Pese al mayor grado de oposición, el fútbol actual es más atractivo.
Estaba enojado Juan, como otros miles de Juanes. “Prefiero un 1 a 0 en un partido cerrado”, opinaron muchos. Bueno, entren en el túnel del tiempo y vuelvan a 1960. Estamos viendo exhibiciones de fútbol jamás vistas. Y miles se molestan.
¿Qué debemos hacer, amargarnos porque vimos un choque maravilloso como PSG 5 - Bayern Munich 4…? El hincha de fútbol vive aferrado a la Edad de Piedra. Quiere la tecnología para vivir, celular nuevo, auto nuevo, TV nueva, todo de última generación, pero que el fútbol sea como en 1930. Está convencido de que aquello era mejor. O que era lo único bueno. OK, Juan, comprate un auto del año 20 y mirá partidos del año 30. “Es que si agarras un auto de 1920 y le ponés llantas de magnesio, freno hidráulico, un motor de 8 cilindros, vidrios polarizados, va a ser igual que los de 2026”... ¿Y por qué en lugar de hacer todo eso no elegimos un modelo 2026…?
En Colombia debe haber miles comentando que antes había varios mejores que Luis Díaz. Lamento decirles que no, no había ninguno así. Y en Ecuador asegurarán que Willian Pacho no tiene ni para empezar con aquellos zagueros de los años 50. Tampoco. No había ni Pachos ni Hincapiés.

“No se pueden comparar épocas”, dicen muchos. Se puede perfectamente. Se comparan la jerarquía, los logros y el grado de dificultad. Y la actual es más difícil que las anteriores. Quien no esté de acuerdo que mire videos antiguos. Se llevará una desilusión.
En todo partido de la Premier o de la Champions de hoy es más complejo destacar que en cualquiera de hace cincuenta años. Por velocidad, por falta de tiempo y espacios, por presión de marca, por intensidad, porque los defensas son atletas fuertes y ágiles, porque los arqueros mejoraron un mil por ciento, porque antes defendían cinco y ahora diez, por la enorme cantidad de información que existe sobre el rival. En 1958, cuando Garrincha debutó frente a Rusia, su marcador no sabía absolutamente nada sobre él; Garrincha lo arrasó. Hoy el defensa que debiera custodiarlo habría visto diez videos y tomaría recaudos. El técnico le diría “anticípalo”. No le sería tan fácil a Mané.
Lo de hoy es extraordinario, aceptémoslo. (O)




