Cada inicio de año marca la pauta de un nuevo listado que deseamos realizar. Aquí se adjuntan sueños, planes o acciones que dejamos relegados y sin cumplir el año anterior. También, estos primeros días de enero suelen hacerse ritos variados para decretar un año exitoso que varía de ámbitos según sean los deseos del decretante, y está bien, pero lo que me llama la atención últimamente es la autopresión con la consecuente autoflagelación por no cumplir a cabalidad lo que otros han establecido que deben ser los signos del éxito personal, que se mide, además, por lo que posteamos en nuestras redes sociales, como si un agente externo nos tomara lista y, si no hemos llegado a la media exigida, somos un fracaso.
Por ejemplo, en el ámbito de la lectura, veo cursos de lectura rápida promocionados en diversas redes sociales donde aseguran que luego de tomarlos se podrá alcanzar a leer 180 libros en los primeros seis meses del año, y me pregunto ¿para qué?, ¿por qué creen que la lectura puede funcionar como un atracón literario? Recordemos que luego de cualquier atracón aparece la culpa que nos hace sentir insuficientes, y temo que esto está sucediendo. La lectura está siendo banalizada y arrastrada a un mero número que debemos cumplir en la lista de cosas que nos hacen lucir exitosos frente a la mirada ajena, aquella que no vemos, pero creemos que nos juzga. Las redes sociales van marcando las tendencias y ahora resulta que está de moda lucir como intelectual porque en el mundo actual lo importante es parecer antes que ser. En diciembre me sorprendió ver videos de personas autodenominadas “grandes lectoras” que se jactaban de haber leído casi 400 libros en un año, y me pregunto si estas personas trabajarán, tendrán hijos, saldrán a comer con sus amigos o simplemente buscan aprobación social con un número impresionante de lecturas.
También en el deporte pasa algo parecido, pero no me refiero a los deportistas de élite, cuyo trabajo es competir y deben cumplir con metas de entrenamiento, sino aquellas personas que supuestamente realizan un deporte para mantenerse saludables físicamente o soltar estrés laboral, pero a veces compiten tanto contra sus propias expectativas que llegan a profundas amarguras cuando la aplicación deportiva les dice que no cumplieron con los números que ellos deseaban; entonces, la foto o el video para las redes no saldrá con los números que pueden generar muchos likes o aplausos virtuales. Personas que han encontrado en el deporte un agujero negro donde pueden esconder su vanidad disfrazándose de deportistas exigentes o disciplinados, cuando realmente es el ego quien los golpea a salir al asfalto en búsqueda de aprobación en una sociedad virtual.
Por tanto, creo que es momento de armar los planes de este nuevo año basados en nuestros deseos y anhelos. Allende tendencias impuestas por otros, detengamos el paso y preguntémonos: ¿qué quiero hacer?, y analicemos si estamos en el camino para lograrlo. Por lo tanto, me quedo con las palabras de Patti Smith: “Uno tiene que ir por la vida intentando mantenerse saludable, siendo feliz como se pueda y buscando hacer lo que se quiere”. (O)