Con mucha satisfacción e interés hemos tomado conocimiento, por publicación de este Diario del 27 de octubre pasado, del programa denominado Sembrando Oportunidades, creado por el Ministerio del Interior y ejecutado por la Policía Nacional, cuyo fin es arrebatar de las fauces de la criminalidad a 482 menores de los distritos de Durán y Guayaquil (Nueva Prosperina y Esteros). Y esto significa no solamente arrancarlos de la violencia y de las drogas, sino paz para los hogares y tranquilidad para la comunidad y, lo más importante, ayudarlos a construir sus vidas de manera sana, responsable y de beneficio para sí.
Las cifras no pueden ser más preocupantes. Según Infobae, “… la violencia alcanza a la niñez en Ecuador: 305 menores asesinados en seis meses. El fenómeno se concentra en las provincias costeras y coincide con un aumento del reclutamiento de adolescentes por parte de organizaciones criminales. Las disputas entre organizaciones dedicadas al narcotráfico, la expansión de economías ilegales y el control de corredores estratégicos han aumentado la exposición de niños y adolescentes tanto como víctimas directas como indirectas de los enfrentamientos armados. Durante los primeros seis meses de este año fueron aprehendidos 1.697 adolescentes por distintos delitos, superando los 1.366 casos registrados en 2025…”.
De esos 1.697 detenidos no conocemos su destino. Lo que sí sabemos es que en un reclusorio difícilmente alguien se corrige. Y el propósito no es encerrar a la gente, sino impedir que delinca y que, por tanto, se cause daño a los demás. Es urgente e imperativo expandir el ámbito de acción de este programa para, con la enseñanza de las bellas artes –que debiera incluirse–, lograr el encauzamiento de esas vidas que pueden truncarse en cualquier momento, víctimas de la delincuencia, así como las de los terceros, que podrían resultar afectadas por los actos para cuyo cometimiento los captan y entrenan desde los 8 años, como robos, sicariatos, microtráfico, etc.
A este proyecto debiera sumarse a las escuelas, colegios e institutos superiores, especialmente los ubicados en los barrios de los cantones más afectados, donde se engancha a los menores para estos dolosos fines. Y debiera extenderse también a las familias, porque muchas necesitan superar los graves problemas que se presentan en sus hogares porque no saben cómo controlar a sus hijos y cómo impedir su desvío y una orientación profesional sería muy útil.
Además, todos estamos llamados a colaborar de una u otra manera con esta cruzada que debiera ser nacional, ampliando su radio de acción. Debemos dejar a un lado la indiferencia porque esta problemática afecta al país entero. Podemos donar libros, revistas, vitaminas, uniformes, zapatos, instrumentos musicales, medicina y cualquier otra cosa que sirva para este propósito. Y sería de gran apoyo la creación de los comités en los barrios para hacer el lazo entre los pobladores y las autoridades.
Si no reaccionamos y cooperamos, este espectro seguirá creciendo y llegará un momento en que el Ecuador se convertirá en un estado exclusivo de narcos y de delincuentes. Estamos todavía a tiempo. (O)