La crisis política y social que vive Venezuela no se resolverá mientras siga manejando el poder la oligarquía corrupta que gobierna el país. Todavía siguen atornillados los padrinos y sus ahijados porque deben defender sus riquezas y tal vez estén buscando dónde vivir si alguien los quiere. Tal vez Lula, que anhela convertirse en figura mundial como mediador de transacciones y acomodos.

Las reacciones de las grandes potencias ante la “extracción” de Maduro son diversas, según sus intereses: los EE. UU. han rescatado una vez más la doctrina Monroe, haciendo realidad aquella frase que los comunistas gritaban: “América para los norteamericanos”. Nadie puede hacer nada ante ese poder colosal que esgrime el señor Trump.

Los chinos tienen una hábil diplomacia que se nota en las adquisiciones de empresas alrededor del canal de Panamá. Es una política silenciosa y sin alardes que pretende expandir su producción exportable para rodear a su enemigo no declarado que son los EE. UU., a quien pretenden sustituir. Los hechos de Venezuela podrán alegarse en algún momento para anexarse la isla de Formosa. China seguirá aprovechando lo que más pueda el conocimiento científico y tecnológico de su adversario, colocando en las universidades norteamericanas sus jóvenes más talentosos. La gente olvida, o no sabe, que los chinos tienen recuerdos poco gratos de las guerras del Opio, cuando las potencias occidentales, incluyendo los EE. UU., obligaron al emperador chino a derogar decretos que prohibían el consumo de la droga por sus efectos negativos para la vida. Provistas de material bélico superior, las potencias ganaron las guerras y continuaron enriqueciendo a sus comerciantes.

Los rusos tratarán de justificar su imperialista guerra contra Ucrania. Claro que forzando los hechos, porque nada justifica el despojo que hacen de las provincias invadidas. Hay que ver cuán desgastada queda su economía después de cuatro años de guerra. Ya no es la potencia que amenazó a los franceses e ingleses cuando trataron de recuperar para sus accionistas la propiedad del canal de Suez en 1957. Francia e Inglaterra pidieron a los EE. UU. que los ayudara a recuperar el canal, que había sido nacionalizado a la fuerza por el líder Gamal Abdel Nasser. La advertencia de la URSS de intervenir a favor de Egipto llevó a EE. UU. a decidir dejar las cosas como estaban y Nasser triunfó. También se evitó otra guerra mundial.

El maestro Antonio Parra Velasco en una de sus clases nos hizo notar, en un análisis de la situación, que el suceso demostraba que en el mundo quedaban solo dos superpotencias, EE. UU. y Rusia, y que el Reino Unido y Francia no eran ya potencias de primer orden. A los rusos les sobrevino el fracaso de la URSS, su disolución, y quedó Rusia sola, debilitada en su economía, pero con un temible número de bombas nucleares.

La crisis venezolana ha evidenciado un reacomodo de las potencias: quedan como superpotencias los EE. UU. y China. Rusos y chinos tienen buenas relaciones desde la época de Mao y Stalin. Los rusos ayudaron a industrializar China. Y para los años que vienen hay que recordar el maquiavélico decir “el enemigo de tu enemigo es mi amigo”. (O)