El domingo pasado cuando abordamos el mal del moko causado por una bacteria que afecta al banano y plátano, un acucioso lector me observó cortésmente que el título del artículo ‘Plátano en riesgo de extinción’ era exagerado y agorero, debo manifestar al respecto que esa calificación es menos tremendista que la empleada por el doctor Randy C. Ploez, ya fallecido, al encabezar una de sus aportaciones científicas indicaba que el plátano (como se llama también al banano) está en peligro de muerte por el crecimiento incontrolable de las enfermedades catastróficas, hasta ahora sin ninguna solución química o biológica frontal y definitiva que logre controlarlas, ejemplificando su decir con las secuelas de la Fusariosis raza 1 o mal de Panamá que eliminó a la evocada variedad Gros Michel, de la que quedan solo los recuerdos de su dulzura y suavidad, que no poseen sus reemplazantes Cavendish. Es decir, que una patología de la magnitud señalada puede llevar al exterminio de un cultivo susceptible tanto al hongo Fusarium R4T como a la bacteriosis.

En el artículo de la semana pasada acompañé la información resultante de un serio trabajo profesional que estima que hasta el fin de este año se registrará una afectación, con destrucción y reemplazo con otro cultivo, de más de 16.000 hectáreas, lo cual implica, como el caso del banano de seda, que es correcto afirmar que el plátano podría desaparecer de las cifras de exportación como fruta fresca y producto industrializado, en un muy corto plazo, a lo que se sumaría la reducción de oferta para abastecer la creciente demanda nacional del popular verde, de suyo ya con precios elevados en los mercados de la ciudad y las fincas. Para afrontar su control, sugerimos que los mismos plataneros y sus gremios se unan con exportadores e industriales y adopten posiciones, sin esperar acciones estatales, para vencer el mal que felizmente la ciencia ha señalado derroteros claros y la academia ecuatoriana con el liderazgo efectivo de la Espol, que cuenta con la conducción técnica de Ramón Espinel Martínez, doctorado en la universidad estadounidense Berkeley compartiendo respuestas científicas con la doctora Jennifer Doudna, Nobel de Química 2020, por sus estudios en edición genómica, salida idónea para identificar variedades resistentes a tantos males agrícolas.

Recientemente se ha hecho trascendente que Embrapa, el instituto de investigación agrícola estatal de Brasil, ha logrado después de varios años de estudios lanzar oficialmente nuevos especímenes de banano resistentes a fusarium y sigatoka negra, no teniéndose evidencias que sean también al moko, estaremos atentos a la publicación de la ficha técnica que sustente tal beneficio. De su lado, la FAO afirma que “el moko del banano puede disminuir la producción hasta en un 80 % si no se implementan estrategias de manejo efectivas”. Conviene, por tanto, reactivar con frontalidad al instituto de investigaciones Iniap, dotarlo de suficientes recursos para que siga el camino trazado por Embrapa y tengamos pronto nuestras propias variedades resistentes, con la asesoría permanente de la colaboradora Universidad de Berkeley. (O)