Y ¡qué miedo, la ultraizquierda, la derecha, la izquierda, la centroizquierda, la centroderecha y el centro! Me espantan estas palabras. Reflejan ideas simplistas, explicaciones facilonas, análisis vacuos. ¿Qué ideólogo, pensador o líder puso las bases sobre las cuales creció el pensamiento centroderechista o el ultraizquierdista? Ninguno, porque nadie puede desarrollar la nada.

Existen tendencias doctrinarias que manejan conceptos sustantivos, formulaciones concretas y filosofías orgánicas. Existen el comunismo, la socialdemocracia, el conservadurismo, el fascismo; cuando alguien dice profesar tales credos, enseguida sabemos cuáles son sus creencias y prevemos cómo pueden ser sus propuestas. En su libro La enfermedad infantil del “izquierdismo” en el comunismo, Lenin, máximo intérprete del marxismo, registra a la izquierda como un defecto, una exageración utopista del socialismo y no necesita recurrir al vocablo ultraizquierda para identificarla.

Serían de izquierda quienes dicen buscar la igualdad en determinado grado, como los nazis y los fascistas. El partido de Hitler era expresamente socialista y Franco en sus décadas iniciales edificó un Estado de bienestar bastante socialista. “Pero no eran democráticos”, como no lo fue la Unión Soviética, ni lo son China comunista ni Corea del Norte. Es complicado encasillar a un movimiento político con conceptos más elaborados, pero resulta ridículo hacerlo recurriendo a las muletillas izquierda y derecha.

Entonces triunfó en una elección regional la Alternativa para Alemania, la AfD, y el esquema saltó por los aires. “¡L’extrrrema derecha, l’extrrrema derecha!”, cacarean en foros televisivos o en entrevistas escritas. AfD es un partido fascista. El líder de esta agrupación, Ulrich Siegmund, hizo campaña en una motoneta que fue muy popular en la disuelta Alemania comunista. Está visto qué clase de orden es el que añoran. El caudillo de la opción triunfadora en el estado de Sajonia-Anhalt, Björn Höcke, ha dicho claramente cómo es el país que quiere: más Estado, más impuestos, más subsidios... solo para alemanes, claro, porque también es un conglomerado racista y nacionalista.

A estas maravillas añadamos que la colideresa del grupo, Alice Weidel, trabajó para el Banco de China y vivió seis años en ese país. Dos importantes dignatarios de AfD han sido procesados por ser agentes chinos. Todos, todos los militantes de la Alternativa admiran y apoyan a Putin, quien habría proporcionado fondos a este partido que, ya vemos, puede ser calificado con justicia como nacionalsocialista, o sea, nazi. Como en los años 30, los de Alternativa quieren el rearme alemán, curiosamente en unos términos que coinciden con las mejores esperanzas de Rusia, abandonando a Ucrania en las fauces del zar Vladimir, cuya agresión es ilegítima, dice Weidel, “¡pero tiene razón!”, añade.

Honestamente, ¿se puede pensar que un movimiento de esta laya esté del mismo lado de los conservadores demócratas y de los liberales? La verdad, los “analistas” con formación marxista recurren a la palabreja derecha para arrinconar allí a cualquier movimiento que se oponga a su tendencia. Y llaman “de izquierda” a todo aquel cuya amistad les resulte coyunturalmente útil, en cada caso. (O)