Está por cumplirse el primer año del segundo mandato del Gobierno que totaliza dos años y medio. Tiempo en que su hilo conductor ha sido la lucha contra los carteles del narcotráfico y el crimen organizado, con un amplio apoyo ciudadano que anhela la restauración de la “isla de paz”.
Un problema de seguridad que se empezó a gestar en 2011, mediante una entente cordial del régimen de entonces con los grupos irregulares colombianos como las FARC, que aportaron al financiamiento de sus campañas políticas, y que luego haría una eclosión de violencia durante las administraciones siguientes a 2017, con su proyección hasta la actualidad.
Con la transición política en noviembre de 2023, el proclamado estado de guerra interna ha permitido intensificar esta lucha que ha brindado por su resiliencia un importante capital político al presidente Daniel Noboa. Según las encuestas, su nivel de aprobación está entre 38 % y 47 %, con índices más bajos en zonas metropolitanas de las grandes urbes. Un desgaste del poder que se reflejó en la derrota de la consulta popular de noviembre pasado, por la insatisfacción sobre otros temas como la eliminación del subsidio al diésel, una medida valiente y necesaria, así como el paro indígena que, si bien lo contuvo con éxito, posicionó el discurso contestatario contra la gestión económica junto al FMI y los asomos de corrupción.
Desde hace más de dos meses, la guerra comercial con Colombia bajo la justificación entendible de la política indulgente del presidente Gustavo Petro con las facciones exguerrilleras en los departamentos fronterizos de Nariño y Putumayo, ha supuesto un desgaste innecesario considerando su grave impacto en las cadenas logísticas y productivas binacionales. Si la intención fue incidir en la elección presidencial colombiana en favor de los candidatos de derecha, las encuestas no reflejan cambio alguno. Sería aconsejable aprovechar el reciente fallo de la CAN dando un plazo de 45 días para el desmontaje de los aranceles recíprocos para cerrar este capítulo que más temprano que tarde debe de llegar a término.
“El estilo es el hombre”, decía Buffon. Aplicado a Noboa, se puede decir que su ejercicio del poder permite que los ecuatorianos lo conozcamos por sus acciones. Es joven e impetuoso, muy enfocado a conseguir sus objetivos a troche y moche. No es tan locuaz ni carismático, pero se expresa con sentido común y siempre focalizado en el ejercicio de la autoridad al límite, eventualmente forzando líneas rojas. Mantiene su mesa chica con amigos de confianza de toda la vida, aunque las decisiones más difíciles las toma en solitario.
El control de la legislatura ha aportado un factor positivo a la gobernanza de un país en crisis y por idiosincrasia excesivamente politizado; la política tal vez es el segundo deporte nacional después del fútbol. El mayor desafío de 2026 será la elección de mitad de periodo en noviembre que compromete a 234 organizaciones autorizadas por el CNE. Más allá del abrumador número, se repetirá la misma polarización de ADN y la RC (que encontrará aliados). Noboa, que siempre está en disposición ofensiva, debe cuidar sus flancos débiles para no exponerse a una dura derrota. (O)