Los resultados de PISA 2025, publicados por la OCDE el pasado 8 de septiembre de 2026, vuelven a colocar a la educación frente al espejo. Participaron cerca de 760.000 estudiantes de 15 años de 91 países y economías. El diagnóstico mundial es preocupante: en el conjunto de la OCDE, matemática y lectura alcanzaron sus promedios más bajos registrados. La caída confirma que el deterioro del aprendizaje no es patrimonio de los países pobres ni puede explicarse únicamente por la pandemia, porque las deficiencias vienen desde hace 15 o 20 años.

En el extremo superior aparecen Singapur y las jurisdicciones chinas de Beijing, Shanghái, Jiangsu y Zhejiang, junto con Japón, Corea y otros sistemas asiáticos y europeos nórdicos. En contraposición de Alemania, Francia y España, que han disminuido. La diferencia no está solo en los recursos económicos o en ser ricos. Los mejores resultados se relacionan con continuidad de las políticas, expectativas académicas altas, preparación docente, apoyo familiar y concentración en aprendizajes fundamentales.

América Latina tampoco ofrece un panorama alentador. Uruguay, Chile, Costa Rica y El Salvador encabezan la región, pero la distancia con los sistemas de mayor rendimiento sigue siendo considerable. Más de la mitad de los jóvenes latinoamericanos no alcanza el nivel mínimo de lectura y alrededor de tres de cada cuatro no llega al nivel básico de matemática. No se trata, por tanto, de una simple competencia entre países: se trata de saber si estamos formando jóvenes capaces de comprender, razonar y resolver problemas.

Ecuador obtuvo resultados inferiores a los promedios de la OCDE y revelan una dificultad particularmente seria en matemática: apenas uno de cada cinco estudiantes alcanza el nivel básico o superior. En lectura lo consigue el 38 % y en ciencias el 40 %. Prácticamente no hay estudiantes en los niveles más altos de desempeño. Esta evaluación es muy inferior a la prueba practicada en 2017, que también fue desfavorable, aunque el centro de la investigación fue diferente.

La OCDE advierte, además, que Ecuador amplió la cobertura secundaria incorporando a jóvenes de sectores excluidos, lo que puede influir en los promedios. Yo sostengo que una cosa es la ampliación del sistema y otra diferente la disciplina, calidad y rigurosidad académica. De igual manera, ha influido falta de respeto a las normas, obligaciones y autoridades.

Otra causa es el mal uso de la tecnología, teléfonos celulares, internet y la inteligencia artificial, que son herramientas neutras del aprendizaje, pero su uso mecánico o indiscriminado para resumir, investigar o redactar tareas aparece asociado con menores desempeños. Tecnología, sin pensamiento crítico, no sustituye al conocimiento.

PISA es una radiografía y en Ecuador confirma algo advertido con nuestras propias evaluaciones del Ineval, con las pruebas Ser Estudiante aplicadas en los años 2023 y 2024: tenemos un problema estructural de aprendizaje. No sirve lamentarlo ni buscar culpables. Debemos mirarlo de frente y actuar, con serenidad, rigor y voluntad real de corregir el rumbo. (O)