La política peruana parece un circo de tres pistas. En la primera se encuentran los ocho presidentes que han ocupado el cargo desde 2020 hasta 2026, con un promedio de permanencia de menos de un año. Martín Vizcarra fue destituido a fines del 2020 por actos de corrupción. El siguiente, Manuel Merino, duró menos de una semana, mientras que Francisco Sagasti ocupó la Presidencia casi un año y fue el único, en este periodo, que entregó el poder sin problemas legales. Quien le sucedió, Pedro Castillo, fue elegido democráticamente en el 2021 y fue depuesto antes de cumplir los dos años por intentar un golpe de Estado. Dina Boluarte, su vicepresidenta y la primera mujer mandataria, lo reemplazó y duró casi tres años. De ahí le sigue José Jerí, quien fue presidente menos de seis meses, hasta que fue destituido hace algunas semanas.
El actual presidente, José María Balcázar, abogado de izquierda de 83 años, fue posicionado el 19 de febrero. Es interino y por mandato constitucional entregará el poder el 28 de julio de este año a un nuevo mandatario, quien será electo en los comicios del 12 de abril próximo. Durante sus primeros días, Balcázar convocó a Hernando de Soto, afamado economista y ciudadano del mundo, para liderar el gabinete de ministros. De Soto declinó antes de juramentar por no haber tenido independencia para nombrar sus propios ministros. Una de las primeras medidas de De Soto hubiera sido contactar a las comunidades indígenas del Perú con las de EE. UU. y Canadá.
En la segunda pista del circo se encuentran los 36 candidatos presidenciales que se presentarán en las elecciones del 12 de abril, cuya organización se complica ante tan numerosa postulación. Por ejemplo, el debate presidencial se llevará a cabo en dos jornadas de tres días cada una durante marzo y abril. Cada jornada consistirá de tres bloques de doce candidatos cada uno. Es imposible que en este formato se expongan ideas coherentes y que el votante pueda siquiera recordar los nombres de los candidatos, menos sus planes de gobierno. Es probable que los aspirantes estén tentados a usar alguna maniobra mediática para llamar la atención.
La tercera no es precisamente una pista, sino una tabla de salvación, y se refiere a las variables macroeconómicas que se han mantenido inmunes a las maniobras circenses. Después de la recesión global del 2020, Perú se recuperó rápidamente y desde entonces ha mantenido un respetable crecimiento de casi el 3 % de promedio anual. De 2022 a 2026, la economía habrá crecido casi un 10 %. La inflación del 2024 fue solo del 2,4 % y la del 2025 del 1,5 %. Asimismo, las políticas monetaria y cambiaria disfrutan de un manejo técnico y prudente.
Esta disociación entre el caos político y la sobriedad de las variables macroeconómicas es lo que llama la atención en el caso peruano. Este mérito se le atribuye al economista Julio Velarde, presidente del Banco Central desde el 2006 y quien ha mantenido el timón firme durante la turbulencia. Se concluye, pues, que la independencia en el manejo económico es clave para el desarrollo; sin embargo, no debería estar personalizada alrededor de un distinguido profesional, sino plasmada en procesos institucionales que sobrevivan a las personas. (O)