Diariamente, el Ecuador salta a la cancha a practicar la confianza. Y no siempre gana porque, entre amagos, empujones, quiños en los ojos, zancadillas y nubarrones de rumores ruidosos que lo persiguen como moscas, es muy posible que al final de cada jornada la desconfianza vaya adelante en el marcador por varios goles de diferencia, con todo el mal que eso puede significar.

Más difícil aún cuando no se evidencian estrategias y cada cosa que pasa demanda tácitamente elevar la confianza a la categoría de un acto de fe. Veamos algunos casos, de la cotidianidad... Que no habrá lluvias, deje su paraguas en paz y salga sin problema, cuando la mirada curiosa mira al cielo y ve unas nubes oscuras que parecen grandes tanqueros preparándose a disparar. ¡Confía en los estudiosos, que saben del clima! Y pum, el megaaguacero te cubre completo, daña tus propiedades y te inmoviliza.

Que madrugues a pagar los prediales, muchos el primer día laborable de enero, para beneficiarte de un supuesto jugoso descuento aprobado por ediles y tributaristas. ¡Confía, que es por tiempo limitado! Y en el sitio, cuando logras leer las letras chiquitas, resulta que el descuento es a un solo rubro y no al resto, lo que en muchos casos automáticamente vuelve más caro el taxi que se pagó en la madrugada que el ahorro mismo.

Que con el pago de un impuesto especial, como ocurrió hace una década, se atendería a los miles de damnificados del terremoto de 2016 en Pedernales, pues llegaron a las arcas estatales 3.500 millones de dólares. ¡Confía, que habrá cómo salir de refugios y carpas y se reconstruirán barrios icónicos, como Tarqui, en Manta! Pero, luego de tantos años, Tarqui sigue siendo un sitio fantasma; y del dinero recaudado, bien sabrán pero no dirán los dos sentenciados por el manejo corrupto de esos fondos, uno huido y otro en la Cárcel del Encuentro.

Que los cortes de energía en sectores residenciales no son apagones por crisis alguna, sino mantenimiento y reparaciones que resultan muy necesarios para la distribución de la energía. ¡Confía, que las autoridades del sector saben! Y pum, se vuelve a ir la luz por horas completas y, acto seguido, se descabeza a las empresas de generación y distribución, mandos medios que, emulando a Poncio Pilatos, habían dicho que estaban informando en sus redes (que pocos ven), dando empuje a los haters que parecen divertirse con el caos.

Y así podríamos seguir poniendo una serie de casos de la cotidianidad nuestra que, por factores a ratos insulsos, atentan contra la confianza colectiva sin reparar en lo grave que eso es en el contexto social, donde cada segundo se toman decisiones basadas en información. Desde el cruzar o no la calle, confiando en que el semáforo esté trabajando como debe, hasta invertir confiando en indicadores, como el riesgo país, que está por encima de 400 puntos, la cuarta parte de lo que se alertaba hace un par de años.

Quizás lo que digo forma parte de esos intangibles con los que he vivido y trabajado desde siempre. Pero cuánto bien se le haría al país si, haciendo correctamente las tareas asignadas, damos al país razones suficientes para confiar. (O)