El lector recordará los versos finales del poema Las dos linternas, del pensador y poeta español Ramón de Campoamor “… en el mundo traidor, nada es verdad ni mentira, todo es según el color del cristal con que se mira”.
La mención de las “linternas” fue por el filósofo griego Diógenes y su búsqueda linterna en mano de alguien que pueda ser salvado en la sociedad ateniense de su época a la que tachaba de ser hipócrita, de ocultamiento y encubrimiento de la corrupción de políticos y mercaderes, que confrontaban, pero también se entendían según sus conveniencias. Se le imputa la frase “Cuanto más conozco a la gente, más quiero a mi perro”.
Diógenes fue pensador del siglo IV antes de Cristo, Campoamor fue de la segunda mitad del siglo XIX, pero la prédica de Diógenes y los versos citados de Campoamor, en parte, están vigentes en los tiempos que vivimos del siglo XXI.
Entro en el tema al leer lo ineludible que fue que el Ecuador pase la quinta revisión del programa de financiamiento con el FMI (aprobado el 2024 y ampliado el 2025) en DEG –DERECHOS ESPECIALES DE GIRO– por un total de aproximadamente $ 5.000 millones a cuatro años. El 22 de abril del 2026 se aprobó un desembolso en DEG por aprox. $ 394 millones.
¿Por qué ineludible? Por la disponibilidad que se requiere para atender pagos de vencimientos de deuda externa, debe entrar dinero para poder pagar los tramos que se vencen.
El FMI invita a los países a ser “valientes”, calificando así a los que se someten a sus condicionamientos, que en teoría son para sincerar costos con precios y tributos que muchas veces están por encima de la capacidad de pago de los sectores castigados.
¿Los costos son ciertos? Probablemente no, por las desviaciones e ineficiencias, sin que necesariamente haya corrupción, a lo interno de países.
Y están las circunstancias externas. Los más devastadores costos de las confrontaciones no se quedan en los que confrontan, se trasladan a terceros, sean países, grupos humanos o personas singulares, hasta las pérdidas de vida. En contraste, cuando se entienden los que confrontan y llegan a acuerdos, las compensaciones y beneficios se quedan en ellos –minerales y tierras “raras”, en recompensa, siempre reclama Trump–, no se trasladan a los terceros que fueron afectados o a estos apenas les podrían llegar beneficios marginales. Lo estaremos viviendo con las guerras de Oriente Medio. La economía y el comercio mundial se han trastocado, las potencias en conflicto y las otras que pueden poner condiciones ya están en negociaciones para los beneficios que quieren repartirse. Las “recompensas” que se repartan son para ellos que confrontaron y causaron pérdidas materiales y de vidas y encarecimientos. ¿Y los países de la periferia? A cumplir condicionalidades que les impongan.
Los organismos internacionales políticos y económicos que tomaron fuerza en el siglo XX, en teoría para que haya respeto y equidad, en los hechos se han quedado en el discurso e inclusive hay circunstancias en que son escenarios de profundizar la dominación de las potencias y el sometimiento de los demás Estados.
¿Valentía? ¿Castigo? ¿Qué es verdad? ¿Qué es mentira? (O)