Un enervado presidente observa el mapamundi. Analiza las islas. Busca la causa de esa negativa a sus bases militares en ese “portaviones” natural estratégico para contrarrestar a sus rivales BRICS. Sus asesores le confiesan haberlas tenido ahí en la Segunda Guerra Mundial. Donald Trump arruga la frente y sentencia: “Nuestras por las buenas o por las malas”. Desperté sobresaltado por la posibilidad de nuestro “No” violado de manera oficial. En tal situación, ¿nos sentiríamos como Groenlandia, Cuba, México, Canadá, Colombia, hostilizados, o Venezuela, invadida, amenazada? EE. UU. se forjó con ocupación, expansionismo e intervencionismo constante.

El “América para los americanos” de la doctrina Monroe clavó sus garras en el subcontinente y cimentó su atraso. Del Bravo a Magallanes todo les pertenecía, menos su “gentuza”. Trump repotencia la teoría. La torna abyecta. Acusa; secuestra; lanza amenazas geoexpansivas, arancelarias, militares; transgrede normas de convivencia internacional y soberanía de “nuestra América” (como la denominó José Martí) y de otros confines. Defiende su propiedad privada y hurta las ajenas; exige respeto a su constitución y sus leyes, pero ultraja las demás; “reemplaza” a la ONU por su “Consejo de Paz privado” y lleva la diplomacia a tiempos “cavernícolas” de la ley del mazo. Incita al apocalipsis amparado en su “democracia” de terror y cera derritiéndose entre sus contradicciones. ¿Será enfermedad como rumoran? ¿Desvío de atención para burlar la ley? ¿Por ello altera lo establecido y crea reglas morales supeditadas a sus intereses?

Trump pretende controlar el mundo mientras su nación se desploma con un dólar “enfermo”, el descontento ciudadano, conatos de guerra civil. El Servicio de Inmigración (ICE), tipo Gestapo, sangra sus calles. Se ensaña contra indocumentados de países supuestamente ayudados, y devela su hipócrita altruismo. Los Panteras Negras y demás actores sociales, políticos, artistas representan al pueblo sin vendas intentando frenar a su “Nerón” descontrolado, quien justifica su accionar en razones de seguridad por supuestas amenazas internas y externas. Ve “fantasmas” chinos, rusos, iraníes y otros por doquier. Amenaza a socios discordantes con su “reordenamiento” unipolar, donde países poderosos devoran a los débiles; contrario al equilibrio multipolar de respeto al derecho internacional, donde las naciones elijan caminos y desarrollos propios; propuesta del presidente Vladimir Putin envuelto en su propia guerra.

Repudiable la actitud de ciertos Gobiernos, silentes ante abusos a sus migrantes y países vecinos, rendidos al delirium tremens del “dictador mundial”. Traicionan la histórica postura latinoamericana antiintervencionista. Disparo al pie, cuando la temida “sentencia” toque sus puertas “por la razón o la fuerza”, como pregonaba otro tirano. No se equivocó Simón Bolívar al pensar una Gran Colombia unida, previendo abusos hoy presenciados. El presidente Gustavo Petro propone revivirla; quizá no nos alcance el tiempo con tantos dedos tensos en los botones, atentos a las “locuras” de Trump. (O)