En la cultura católica, la Semana Santa es un periodo de reflexión. La imagen de Cristo cobra especial centralidad y junto a ella los hechos que rodearon su arresto, juicio, muerte y resurrección. Uno de los pasajes aleccionadores es la traición de Judas, uno de sus discípulos.

Judas se acerca al Señor Jesús y le da un beso en la mejilla, así los soldados romanos identifican y arrestan a Jesús. Lo particular de aquel episodio es que Judas fue un hombre cercano a Jesús.

La traición es definida por la Real Academia de la Lengua como “falta que se comete quebrantando la fidelidad o lealtad que se debe guardar y tener”. Lo contrario es la confianza, la seguridad de que la gente no se aprovechará de las circunstancias.

El estudio de Núñez, Cantó Mila y Seebach (2015), titulado “Confianza, mentira y traición” desarrolla una interesante explicación para comprender cómo se entretejen las relaciones sociales con personas cercanas. Para los autores, la mentira y la traición son dos puntos de no retorno, destruyen la confianza que sustenta una relación.

El mencionado estudio indica que la mentira es percibida como una mancha que impregna la relación y no se limita al área donde se ha mentido. Pero en contextos como el actual, la mentira es más difícil de detectar. Por ejemplo, el jefe de una organización debe confiar en algunos de sus principales colaboradores; no obstante, es muy posible que entreguen informes distorsionados, con medias verdades o mentiras.

Si al mismo Cristo lo traicionaron, posiblemente los demás estamos más expuestos, principalmente cuando no contrastamos la información o al menos debería haber varios informantes sobre el mismo tema. Pero, las organizaciones pueden quedar atrapadas y sus jefes engañados, cuando los colaboradores centran su actuación en conseguir su beneficio particular.

Volvamos a la figura de Judas, este personaje vendió a Jesús por treinta monedas de plata. La priorización de los intereses individuales y particularmente los materiales, son la semilla de las traiciones. Adicionalmente el texto de Núñez, Cantó Mila y Seebach (2015) señala que la traición surge por varios aspectos, pero sobre todo por la ambigüedad en las normas sobre lo que los involucrados en una relación entienden por traición.

Si una norma es ambigua y sirve para sacar dinero, seguramente es el terreno propicio para la traición y la corrupción.

La traición rompe la confianza que es el cemento social con el que los pueblos se desarrollan. Cuando la traición es percibida como un mal generalizado, se presentan problemas para establecer vínculos sólidos, lo que aumenta la fragmentación social y consolida el individualismo.

Al igual que Cristo fue traicionado por los cercanos, nuestro país sucesivamente fue traicionado por algunos de sus políticos, quienes al ejercer el poder pensaron solo en su momento de gloria y fueron incapaces de gobernar para las próximas generaciones. Se pusieron en el centro del protagonismo y cuando tuvieron que enfrentar el desastre que sembraron huyeron fuera del país. De ahí que resulta irónico que los Judas quieran opinar desde la lejanía, cuando al país le mintieron y traicionaron. (O)