Papá aconsejaba no alborotar los avisperos del campo, era peligroso. Un domingo temprano cuando el pueblo dormía, la travesura me llevó loma arriba a tirarle un palo a un “indefenso” panal. En segundos, desaté el infierno. Millares de “misiles” me perforaron la piel. Mis gritos despertaron a Morfeo. Zumbé cerro abajo para alejarme del endiablado “ejército”. Papá detrás mío aconsejaba tirarme al piso bocabajo, quedarme inmóvil y morder mi lengua; secreto neutralizador. Yo aceleré hacia el río. Me zambullí; las avispas también, asidas a mi cabeza, que entraba y salía del agua para respirar. Consumada su venganza, se marcharon. Mi padre me recogió río abajo. “Lo que está quieto se deja quieto”, reprendió conmigo al hombro.
Los subestimados “enemigos” me dejaron en shock, como seguro están el presidente de EE. UU., Donald Trump, y Benjamín Netanyahu, primer ministro israelí, ante la resistencia iraní a los dos meses de guerra por presunto incumplimiento al programa nuclear. Fallidos cálculos tienen a Trump “preso” de sus decisiones en un escenario inesperado. Independientemente de quien se proclame triunfador, el claro perdedor será el pueblo, los más vulnerables, que pagarán la cuenta de una economía global crítica por este conflicto.
¿Quién en sano juicio espanta el “avispero” persa disciplinado y entrenado? Heródoto los denominó Athanatos (inmortales). No temían morir. Si caía uno, era reemplazado de inmediato; quedaba intacta su unidad y organización. Querer dominar al mundo al transgredir normas, despotricar e intimidar socios estratégicos, violar el derecho internacional y alterar una relativa paz, desafiar potencias nucleares, amenazar con exterminar una civilización, tomarse países por la fuerza, atacar al papa León XIV por pedir deponer hostilidades, entre otros exabruptos, develan una insensata política de Estado y decadente diplomacia internacional sumada a una ONU incapaz de cumplir su rol fundacional: ordenar un mundo loco, hoy peor, con armas apocalípticas y abuso reiterado del poder.
Platón, Aristóteles y Sócrates sostenían que el poder debía ejercerse para el bien común, con una moral cuestionadora de malas prácticas y exigente de la verdad. Cabe preguntarnos: ¿esta guerra fue realmente por seguridad o como Irak y “sus armas de destrucción masiva”? ¿Fue por petróleo
y control del estrecho de Ormuz? ¿Contra una economía china consolidada con dependencia energética de Oriente Medio? Las imposiciones de EE. UU., sanciones selectivas y bloqueos, invasiones ilegales, bombardeos injustificados reflejan un liderazgo hostil que puede desatar una nueva carrera armamentista. Países podrían abandonar tratados de prohibición nuclear y pertrecharse como protección. ¿Interesa de verdad la seguridad mundial? Promuevan un desarme nuclear total empezando por las potencias.
Utopía en tiempos egoístas. Trump desea eludir su avispero. El mío me deshonró y aprendí. Él no desea aquello. Podría acostarse bocabajo, quedar inmóvil, morderse la lengua y repetir silencioso: “Lo que está quieto...”. (O)













