El domingo 25, durante la segunda vuelta en Brasil, la campaña de Lula pidió al Tribunal Electoral prolongar la votación aduciendo dificultades en el transporte de los electores. Flávio Bolsonaro también solicitó una prórroga para localidades afectadas por las lluvias. Lula, sin esperar a que el Tribunal Electoral resolviera su petición, acudió al Supremo Tribunal Federal, máxima autoridad del Poder Judicial en Brasil, que funciona como su Corte Suprema y Tribunal Constitucional. Allí, Cristiano Zanin, antiguo abogado suyo y nombrado ministro del tribunal por él, ordenó extender la jornada electoral hasta las 19:00, solo donde las urnas seguían abiertas.
Flávio Bolsonaro había ganado la primera vuelta con el 47,03 % frente al 45,16 % de Lula. Pero este remontó y obtuvo el 51,79 %, con 4,4 millones de votos de ventaja. La mayor participación y la movilización de los partidarios de Lula pudieron contribuir al resultado. También los debates: en el último, Flávio se burló de Lula diciendo que “da con una mano y quita con los nueve dedos”, en alusión al dedo que Lula perdió trabajando como obrero. Luego se disculpó. ¿Cuántos votos le costó la pulla? Nadie lo sabe.
Volvamos a la prórroga de las dos horas. El Tribunal Electoral registró 34.393 votos después de las 17:00. La cifra es inferior al 1 % de la ventaja de Lula. Y no hay base para atribuir su victoria a la prórroga. Pero que esa decisión no altere el resultado no significa que haya sido jurídicamente correcta. La legalidad no se mide contando votos. El presidente del Tribunal Electoral, Kassio Nunes Marques, señaló que no existía una norma específica para autorizar esa ampliación. ¿Podía disponerla un ministro del Poder Judicial mientras el órgano electoral examinaba la solicitud? ¿Qué decir de la imparcialidad de Zanin, antiguo abogado del candidato beneficiado? El asunto le fue asignado por sorteo, pero la pregunta subsiste. Además la prórroga llegó cuando algunas mesas ya habían cerrado y no reabrieron: quienes no habían votado no tuvieron la oportunidad. Sus defensores alegan urgencia, y proteger el sufragio importa; respetar la competencia y la igualdad, también.
Ese domingo por la noche la Policía pidió medidas contra el perdedor dentro de una investigación penal por riesgo de salida del país. Así, el juez Alexandre de Moraes ordenó restricciones a los pasaportes de Flávio y le prohibió viajar. La Policía canceló sus pasaportes (ordinario y diplomático); el lunes fue intimado a entregar los pasaportes extranjeros, pero salió por Argentina, pasó por Ecuador y llegó el miércoles a Miami. ¿Fueron oportunas y proporcionadas las medidas? Su fundamento merece examen; el incumplimiento de Flávio, también.
Desde Miami, Flávio difundió una carta en la que se proclamó presidente electo, aunque luego cambió esa expresión por ‘líder’. Agradeció el apoyo de Trump y Milei. Lo cierto es que Lula ganó por millones de votos y eso merece respeto. El derrotado puede impugnar, pero no convertir sospechas en hechos. Tampoco una victoria exonera a los jueces de respetar el derecho.
En democracia, las reglas no dependen de quién gana, ni su cumplimiento de quién pierde. (O)













