Lo que ha venido ocurriendo en Francia en cuanto a las manifestaciones y actos de violencia de diferentes sectores en dichas manifestaciones es parte de un cúmulo de resultados que deben ser leídos de forma histórica y contextualizada. Hay algunos aprendizajes para el resto de países de lo que se ha visto en Francia:

Primero, en las manifestaciones hay causas justas; esto significa que es real que hay un incremento en el costo de vida, para el caso francés, el cual es ocasionado también por sus propias decisiones. De tal forma, un escenario de reclamo social debe ser leído con anterioridad por los Gobiernos, sin llevar a que quieran solucionar con medidas populistas o salidas de la realidad fiscal y económica, y en Francia es justo lo que ha pasado: populismo y excesivo gasto público.

Y es que, como un segundo aprendizaje, no tomar medidas a tiempo, que pueden ser impopulares pero necesarias, se convierte en cualquier caso en un problema futuro. Evitar la disminución del gasto público y no reducir acciones benefactoras es una posibilidad de deterioro económico en un futuro. Francia ha mantenido un desbalance entre el generoso y amplio sistema de subsidios sociales y la realidad económica del país. Lo que hizo desde el 2022 fue aplicar y mantener la política “cueste lo cueste”, financiando subsidios y congelando tarifas. La realidad demostró que no podía mantener esto por siempre y un país extremadamente benefactor no está aportando al desarrollo económico; solo está postergando el problema socioeconómico de su población. Puro populismo.

Tercer aprendizaje, cuando el sistema benefactor se convierte en la forma de controlar a la sociedad y la opinión pública, la autoridad del Estado se construye bajo un imperativo maleable y volátil: contraprestación económica subsidiada. El día que no se tiene dinero, llega el caos y, peor, no hay herramientas para solucionar, porque hay generaciones que crecieron siendo beneficiadas de la gratuidad, sin herramientas para trabajar o querer hacerlo.

Cuarto, sí hay una lucha entre valores en el mundo.

Europa vive una islamización que le está generando crisis identitarias, porque al querer abrir las puertas a diferentes culturas se debe tener en cuenta que el país que recibe puede defender sus valores de acogida, en respeto a su historia, vida y construcción de nación. Negociar valores y querer verse “chévere” con toda la comunidad internacional, bajo una idea cosmopolita sin pensar en frenos políticos, puede llevar a lo que pasa hoy: un país como Francia (aplicable a cualquier contexto) altamente fraccionado y señalado por sectores musulmanes que viven allí y no se consideran franceses, deteriorando y queriendo cambiar la realidad identitaria, cultural y social del país donde residen. Esto genera choques de civilizaciones, diría Huntington.

Quinto y último, hay instrumentalización de los justos reclamos, por parte de sectores violentos. Es un hecho y se ve en Francia y en muchos sectores. Es un modus operandi interesante, sobre todo para llevar a esas manifestaciones causas que nada tienen que ver, como es el caso de Palestina, o ¿qué tiene que ver el pedir mejores opciones de vida y bienestar en Francia con una bandera de Palestina? Nada. (O)