En realidad, son muchas las voces individuales y colectivas que se pronuncian sobre la situación actual de la ciudad y su proyección a futuro. Lamentablemente, un elemento crítico y transversal a esas manifestaciones es la corrupción que se devela cada día con mayor detalle en la administración municipal del grupo que asumió la conducción de la ciudad, con el alcalde que fue suspendido en sus funciones por una decisión del Tribunal Contencioso Electoral que lo sancionó por violencia política de género en contra de una concejala del cabildo.
Precisamente a partir de dicha circunstancia, la realidad de la actual planificación, la relación con el entorno y la construcción del destino común de la urbe no pueden ser analizados al margen de esta situación. El criterio de la población rechaza la deshonestidad que era impensable en nuestra ciudad y constituye un quiebre institucional que trastoca una historia de honorabilidad en el manejo de la cosa pública.
Cuenca es una ciudad que, considerada como un importante destino turístico y un lugar para vivir tanto para ciudadanos nacionales como extranjeros, se ha convertido en el codiciado objeto del deseo de capitales de toda índole y de origen no siempre conocido, que en el escenario transversal de la no pulcritud administrativa afectan el statu quo del cual nos enorgullecemos. Ese atractivo producto de todo lo previo, de la historia morlaca de cuidado, civismo, pulcritud, planificación y ciudadanía aplicada, pronto dejará de ser porque lo que está pasando por la presión de un mercado no ético ni social ni ambientalmente responsable, apunta a la alteración de lo que fuimos, aún somos y debemos proteger.
El debate ciudadano, entonces, se desarrolla aún de manera dispersa en ese escenario de debilitamiento institucional. Las voces que se oponen al avance del cemento en la ciudad, así como en los cantones, en las parroquias de la provincia, y a la destrucción del medioambiente y a los atentados en contra de las fuentes de agua, son múltiples y de distinta procedencia social: campesinos, citadinos, activistas sociales e intelectuales. El mundo empresarial e institucional como las universidades no han entrado en este proceso y se han mantenido al margen del debate, situación que debería revertirse, pues el ámbito de la producción y los negocios, así como el académico, siempre han tenido un lugar importante en la construcción del destino de la ciudad y ahora no debería ser la excepción.
Es momento de asumir que la ética genera valor, pues la rentabilidad a largo plazo de las inversiones y la sostenibilidad de las actividades dependen directamente de la seguridad jurídica, la transparencia institucional y la preservación del ambiente y la calidad de vida que hace atractiva a nuestra urbe. Por lo tanto, su participación es vital.
La oposición al desarrollo acelerado impulsado por capitales que medran en el deterioro municipal y social es la verdadera resistencia a una situación que no puede continuar, so pena de afectación a lo que más amamos y queremos proteger como pueblo: Cuenca, la ciudad Patrimonio Cultural de la Humanidad, declarada como tal por la Unesco. (O)