La convivencia pacífica y las buenas relaciones vecinales y regionales son fundamentales, más aún cuando se comparten problemas comunes y se enfrenta a las bandas criminales y los grupos delincuenciales organizados, que son transnacionales, el narcotráfico, la explotación irracional de minerales y la narcopolítica, sus aliados.

Colombia y Ecuador no pueden sustraerse de las buenas relaciones de sus pueblos y la buena vecindad de dos países hermanos, más allá de la irresponsabilidad de gobernantes y administraciones de turno que han marcado políticas equivocadas y que hoy se han invertido, a diferencia de lo que sucediera el 1 de marzo del 2008 cuando el gobierno del presidente Álvaro Uribe persiguió a los bandidos, incursionó en nuestro territorio y bombardeó el campamento de Angostura, en donde residían los guerrilleros de las FARC, instalados con la permisividad del Gobierno de entonces de la revolución ciudadana.

Hoy resulta que mientras el Ecuador lucha contra las bandas criminales, el narcotráfico, la minería ilegal y los aliados de la narcopolítica, el Gobierno de Colombia no controla sus fronteras, ha permitido el notable crecimiento de los cultivos de la coca y maneja una agenda político-electoral de manera irresponsable en vísperas de los comicios presidenciales.

El presidente colombiano, como en tantas de sus cuestionadas actuaciones, pone en riesgo las relaciones entre los dos países cuando primero denuncia públicamente: hemos sido bombardeados por los militares ecuatorianos, luego dice que se está investigando y posteriormente que la bomba se encontró a pocos metros de Ecuador. Primero lanza la piedra y luego esconde la mano e intenta evadir las palabras.

Qué duro para el Ministerio de Defensa y los mandos militares colombianos profesionales salir al paso para morigerar y tratar de explicar los exabruptos del primer mandatario, que no han tenido sustento en el contenido de sus falsas denuncias.

Del análisis inicial de la primera reunión militar y de defensa de los dos países se demostró que la operación de las FF. AA. del Ecuador fue legítima en el marco del conflicto armado no internacional y que fue realizada dentro del territorio ecuatoriano. Se reveló que la bomba, que no llegó a explotar, fue encontrada al norte del río San Miguel, a unos 200 metros de la frontera común, en el departamento de Putumayo.

Un ministro de Estado puede ser un fusible y cuando se equivoca puede salir del cargo, pero no un presidente que de manera irresponsable juega con fuego y pone en riesgo las buenas relaciones vecinales por hablar demasiado y soltar la lengua exageradamente. Su deporte favorito son las redes sociales en las que se extralimita como vulgar tuitero.

Más allá de ideologías caducas y fracasadas, posiciones políticas que han hecho daño y que no han solucionado los problemas ciudadanos y de las comunidades, existen problemas graves de violencia e inseguridad, que debieran obligar a actuar al unísono, con operaciones conjuntas, el narcotráfico, la explotación irracional en la minería, la narcopolítica y el fracasado socialismo 21, y no hacerles el juego de manera descarada. (O)