¿Arde París? se titula una exitosa superproducción cinematográfica francesa-norteamericana. Dirigida por René Clement; con guion de nada menos que de Francis Ford Coppola y Gore Vidal, protagonizada nada menos que por Kirk Douglas, Yves Montand, Jean-Paul Belmondo, Alain Delon y más estrellas de ese nivel, se basa en la novela superventas de Larry Collins y Dominique Lapierre con el mismo título. El libro y la cinta narran la liberación de París tras 4 años de ocupación nazi.

La pregunta que constituye el título se la hizo Hitler al general Von Choltitz a quien había ordenado destruir la capital francesa. El oficial alemán no obedeció al dictador y salvó la Ciudad Luz, que se ha vuelto a salvar en estos días, suerte que no tuvieron otras urbes francesas, en las hordas vandálicas de la izquierda antisistema destruyeron edificios históricos y bienes públicos. La situación que retrata el filme estuvo restringida a Francia, pero esta vez todos los países de la Europa latina sufrieron episodios parecidos.

Asonadas de multitudes con similares propósitos desataron el caos. Ocurrió en España, un incidente al desalojar a una anciana de un departamento desató protestas de grupos de izquierdas y del movimiento woke, con apoyo de migrantes islámicos, que culminaron con la ocupación de la Puerta del Sol en Madrid y amenazan con no retirar una sucia ciudadela de 2.000 carpas por lo menos hasta el 11 de noviembre, día de una huelga general.

En Italia el gobierno de la derechista Meloni y en Portugal el del conservador Montenegro se enfrentaron con los alzados. Estos mandatarios y el centrista Macron en Francia los reprimieron, aunque con notoria timidez. En cambio, en España los activistas involucrados cuentan con la simpatía, por decir lo menos, del gobierno socialista de Sánchez, que ha disuelto las cortes parlamentarias al no aprobar estas unas leyes que supuestamente debían aliviar la coyuntura. Paradójicamente estas diferencias demuestran que la crisis tiene las mismas raíces.

El problema es que el socialismo no ha funcionado nunca. Fracasó en los países comunistas, donde se implantó mediante una férrea dictadura dizque “del proletariado”. Ahora se derrumba en Europa, donde los socialdemócratas crearon lo que llaman “Estado de bienestar”, que envidian intelectuales y académicos latinoamericanos. Para colmo, las oposiciones constituidas por centristas y conservadores quieren mantener lo mismo con cambios cosméticos. Ni siquiera la semifascista Meloni ni el falangista Abascal cuentan con un modelo alternativo.

Como la población está ocupada disfrutando de las ventajas paternalistas que les otorgan Estados hiperendeudados, que consumen más del 50 % de sus economías, importan mano de obra africana. La mayoría de estos migrantes llegan con pretensión de trabajar poco y de acceder a todas las prestaciones europeas. Buena parte de ellos son islámicos que vienen a imponer su fe. Entonces surgen poderosos partidos “de extrema derecha”, que proponen controlarlos. Asustada la izquierda woke sale a quemar ayuntamientos y saquear tiendas. No hay esperanza a la vista en esta espiral de insensatez y decadencia. (O)