La agricultura, como principal fuente de empleo y motor de la economía, debe seguir cumpliendo con el rol de siempre, sin embargo ahora debe hacerlo con un enfoque acorde con la realidad mundial, que significa suplir la demanda creciente de alimentos sanos, inocuos y de buena calidad, para lo cual la condición infaltable debería ser crear condiciones para dotarla de rentabilidad, para que se constituya en el principal estímulo para continuar cultivando, aplicando actualizados conceptos y técnicas resultantes de una seria investigación y transferencia tecnológica que provengan de esfuerzos públicos y privados, con la mira puesta en la exportación en que serán infaltables la digitalización y el uso de imágenes satelitales, drones, abandonando el arraigado complejo de actividad mayoritaria en manos de pequeños agricultores y, por tanto, excluida de avances tecnológicos aplicables a la agricultura familiar que sostiene al mundo.

La producción agrícola ecuatoriana, con todos los obstáculos y sinsabores, ha respondido con creces en el 2025 lo que se refleja en las cifras de exportaciones no petroleras y no mineras, cercanas a los 30.000 millones de dólares, sustentadas en las ventas de cacao, banano, plátano, pitahaya, café, camarón, con ilimitado techo, todo ello ayudado por la maravillosa y variada naturaleza que el Creador nos ha heredado, que se aplaude porque propende al bienestar general de la población. Deberá iniciarse un serio programa de fortalecimiento de la investigación agraria en la que confluye la tecnología básica, a la que hay que insuflarle los recientes triunfos tecnológicos e incrementos de productividad en algunos bienes del campo, no solo agrícolas sino también pecuarios, forestales y acuícolas, que ya han demostrado que son la fortaleza económica de la nación, aun cuando habría que incrementar sus niveles de productividad, seguir por la senda de la producción orgánica, como lo demuestra el llamado arroz pato, maravillosa conjunción de agricultura limpia y biológica, sin pesticidas, que causará un revuelo nacional.

Las naciones desarrolladas de cuatro estaciones son eficaces cultoras de nutrimentos, sin embargo son ineficaces para competir con los productos tropicales, siendo un ejemplo decidor lo anunciado por empresarios rusos que emprenderán en plantíos de banano en invernaderos o los inversionistas canarios que se quejan a cada rato por su impotencia de subsistir frente a las cosechas de América Latina, aun cuando las agobien con imposición de aranceles cada vez insuficientes a ese fin, ahora argumentando que violan normas fitosanitarias, ambientales y laborales, que nuestro país cumple escrupulosamente, desmintiendo la ingrata campaña en su contra.

El Ecuador debe ser pragmático, es necesario que se comprenda que no debe alinearse con ninguna de las potencias que se disputan el mundo, ni con los Estados Unidos, por mejor socio que fuera, en la práctica nos segregó con aranceles generalizados; ni tampoco con Rusia, el principal país comprador de banano, peor entregarse a ciegas a la Unión Europea (UE) o a la República Popular China, todas con sus planes, si no imperiales, hegemónicos, que a la hora de las definiciones poco pesan sociedades como la nuestra. (O)