Se entiende que los profesionales del derecho y los periodistas deben poner especial énfasis en las reglas del idioma; no deja de ser su herramienta de trabajo.

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Hace pocos días, escuché por la radio una entrevista a Wilman Terán, presidente del Consejo de la Judicatura, con una larga exposición, plagada de tonos dramáticos y de poses histriónicas, como siempre. Dentro de esa entrevista, para mi sorpresa, le escuché, por dos ocasiones, decir “rompido”. Que un abogado, de cualquier nivel, tenga esa ruptura gramatical es de por sí catastrófico; pero escuchar a una autoridad judicial es, por decir lo menos, deprimente.

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Yo estimo que, de alguna manera, los gremios profesionales y las universidades deben guardar su decoro, opinando y rechazando estas falencias que lo menos que indican es una falta de control de calidad en sus productos (en el caso de las universidades), o de las aprobaciones de ingresos de sus miembros (en el caso de los colegios profesionales).

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Creo que los gremios profesionales, todos ellos, están obligados a velar por la calidad de sus integrantes, y las universidades, a hacer seguimiento del comportamiento profesional de quienes salen de sus aulas. Pero no solamente es eso. Recordemos que Terán fue juez de la Corte Nacional de Justicia, y que fue esa corte la que mocionó su nombre en una terna. ¿Nunca lo escucharon destrozar así el idioma?, ¿o en ninguna de las audiencias o juicios cometió esos errores?

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Creo que el control de la calidad profesional debe ser individual; cada profesional debe preocuparse de su propia superación. Pero, insisto, en este caso estamos hablando de un magistrado que controla el comportamiento de los jueces, y resulta que desconoce las reglas más elementales del idioma que debería ser la principal herramienta de su actividad profesional.

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Si no ponemos en conocimiento del público estas anomalías, estas irán creciendo y terminaremos en un albañal en juzgados, foros, juicios, sin contar con los pobres razonamientos y la escasez de lógica que muchos abogados han mostrado, sin vergüenza alguna. (O)

José Manuel Jalil Haas, ingeniero químico, Quito