A través de la visión y de nuestros ojos, podemos disfrutar de las imágenes que se procesan en el cerebro. Una vez que les damos forma, las clasificamos y las archivamos en nuestra memoria límbica, creando nuestra propia cineteca personalizada. De tal manera que, a posteriori, podemos disfrutar de ellas cuando disponemos de la relajación necesaria para calmar la intensa actividad cerebral que nos abruma. Sin duda, las imágenes que nos han enviado desde la nave Artemis II –con el primer plano de la Luna y, de fondo, la belleza azulada de la Tierra desbordada de vida– no pueden pasar inadvertidas. Han sido capturadas por nuestros colegas planetarios, hoy convertidos en astronautas. Cuesta asimilar, desde la absoluta tranquilidad y silencio de esas grabaciones enviadas desde el espacio infinito, la certeza de que realmente existe el milagro de la vida. (O)
Jesús Sánchez-Ajofrín Reverte, Albacete, España


















