Mientras la mayoría de los ganadores de MasterChef Ecuador, y en su versión Celebrity, desea perfilarse con proyectos gastronómicos, el reciente campeón se reafirma en otra misión: proyectar la riqueza culinaria de su tierra.
El propósito del exfutbolista Frickson Erazo es lograr que la cocina esmeraldeña pueda ser tan reconocida y estudiada como sucede con la manabita en la actualidad, evitando que su legado sea solo un “leve susurro” tras su paso por la televisión ecuatoriana.
Este es un objetivo que ha estado en su corazón desde hace años. Para muestra, en el 2017 abrió en Quito el restaurante El Esmeraldeño, de comida típica de su provincia con un toque gourmet. Ahora desea que su paso por la pantalla nacional se haya convertido en una plataforma que reivindique justamente esa identidad gastronómica.
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Para quienes siguieron la competencia televisada, recuerdan que su participación estuvo marcada por la necesidad de ser auténtico y honrar a quienes forjaron el sabor de su cuna natal. “Para mí fue muy importante poder hablar de mi ancestralidad gastronómica porque es mi esencia”, recalca el empresario.
Bajo esa luz, Erazo esboza un proyecto de libro que reúna tres pilares: cocinar como un acto de felicidad, rendir homenaje a precursores ocultos y destacar platos con historia, como el tapado de pescado y el encocado, que a decir de él tienen más de dos siglos de existencia, siendo la médula de su cultura.
Más allá de un recetario personal, aclara, se trata de una publicación que rinda tributo a los “rostros y nombres invisibles” del campo, cuyas técnicas ancestrales en barro o leña definen el sabor nacional. Para Erazo, enarbolar estos conocimientos es el mayor homenaje que puede ofrecer: “Tengo una misión de vida y eso es lo que justamente vamos a trabajar”.
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Con esta visión busca que Ecuador cuente con material audiovisual y bibliográfico que visibilice a quienes realmente sostienen la cultura gastronómica desde la tradición y la sazón de sus ancestros.
Necesidad y herencia
Su relación con la cocina nació de la mano de las mujeres de su vida: su madre y su abuela, recuerda el exseleccionado. Sin embargo, fue la migración temprana a la capital, a los 16 años, lo que lo obligó a poner en práctica esos conocimientos para sobrevivir mientras seguía sus sueños futbolísticos.
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“Como vivía solo debía aprender a preparar cosas básicas... después de que me casé ya no cocinaba tan frecuentemente... entonces, cuando pierdes esa frecuencia, te vas olvidando”.
Durante la tercera temporada de MasterChef Celebrity Ecuador (Teleamazonas) vimos que había recuperado el dominio frente a las hornillas. Erazo se coronó vencedor con unas sustanciosas uñas de cangrejo apanadas con miel de chipotle y puré de maduro especiado. Su receta lideró gracias a un equilibrio entre el dulzor del plátano y la potencia del marisco, utilizando técnicas que perfeccionó durante la competencia. El platillo triunfó por un contraste de texturas (lo crocante del apanado frente a la cremosidad del puré) y de sabores (el toque picante y ahumado del chipotle contra el dulzor de la pimienta dulce).
Irónicamente, durante su exitosa etapa en Brasil, su fuerte no eran los platos típicos ecuatorianos, sino los asados, revela. En todo caso, fue una oportunidad inesperada de ampliar su bagaje, porque aprendió a dominar cortes como la picaña y se enamoró de lo que ofrece la gastronomía brasileña (la feijoada, la farofa y el arroz a la piamontesa), conocimientos que hoy integra en su faceta como empresario gastronómico, así como en la cocina de su hogar.
Identidad sin pretensiones
Algo que llama la atención del deportista retirado es su sobrio carisma. Mantiene un ánimo relajado y a la vez positivo en esta entrevista, lo notamos así cuando cocinó en vivo su plato ganador un día después de la gran final del concurso de cocina de aficionados. Y su forma segura, concisa de hablar, sin divagar o titubear, nos ratifica por qué se ganó la chapa ‘el Elegante’.
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El sobrenombre está lejos de ser una construcción de marketing, nació de la observación natural de la prensa y la grata aceptación de la hinchada. “En una entrevista dirigida por Rogelio Arosemena, él por mi forma de jugar, de hablar, de vestir, de comportarme, creyó que el Elegante era un buen apelativo. Los hinchas también lo vieron bastante bien, porque hice una encuesta en Twitter y la gente se identificó mucho”, recuerda.
¿Siente presión para sentirse a cada rato a la altura de tal magno apodo? Para nada, puntualiza. “No buscaba ser elegante para que la gente me dijera ‘él es el Elegante’. Es mi forma de ser... no tengo que fingir nada. Simplemente estoy siendo Frickson”.
Esta naturalidad es la misma que, según él, le permitió conectar con la audiencia televisiva. Atribuye su carisma a su origen: “Como buen esmeraldeño, siempre paso alegre”, asegura. Su mejor accesorio es la sonrisa.
Fútbol: gloria y procesos
Al recordar el Mundial de Brasil 2014, los sentimientos son encontrados. Por un lado, el orgullo patriótico máximo; por otro, la herida deportiva de la derrota inicial.
“Haber podido estar en una fiesta tan importante representando a mi país y en el primer partido poder cantar a pecho inflado el himno nacional”, evoca orgullosamente. Pero no olvida la derrota 2-1 contra Suiza en el último minuto del primer encuentro, un golpe que marcó el destino de esa selección en el torneo.
De todas maneras hay más días de gloria en la nación auriverde. Allí brilló en los planteles Flamenco, Grêmio y Atlético Mineiro. Y le dejó una enseñanza optimista en cuanto a la diferencia entre el fútbol brasileño y el ecuatoriano, rechazando la idea de una superioridad mítica del pentacampeón del mundo; más bien apuesta por la evolución estructural.
“Brasil tiene una historia futbolera que se debe a un proceso de décadas. Hoy el fútbol ecuatoriano está muy respetado, muy valorado, se ha ganado su reputación, eso habla de que estamos en ese proceso”, opina. “El proceso que vivió Brasil, Ecuador lo está viviendo. Está en la construcción de esa historia y cada vez estamos aminorando las brechas”.
Huella en la política
Su incursión en la gestión pública como gobernador de Esmeraldas y candidato a la Alcaldía le dejó lecciones honrosas y dolorosas. De su experiencia se enorgullece de gestionar obras críticas (vialidad, deporte y atención a desastres naturales), a pesar de haberse topado con una realidad oscura que contrasta con sus valores deportivos.
“Cuando eres deportista tienes principios muy bonitos, como el trabajo en equipo, la meritocracia. Entré a la política seguro de poder sacar adelante los intereses de nuestra provincia”, resalta. “Hay ciertas cosas que no están en las letras chiquitas de la política: corrupción, intereses ocultos, inclusive la criminalidad involucrada en términos de administración pública… eso no es lo que yo esperaba”.
Erazo sufrió dos atentados, así como campañas de desprestigio que afectaron profundamente a su familia. Por eso, su conclusión sobre la política en Ecuador es tajante: “No está diseñada para quienes tenemos un corazón de servicio, sino más bien está diseñada para intereses”.
Derecho y dirigencia
El haberse retirado joven (32 años) le permitió terminar de formarse en otras facetas. Son conocidos sus estudios en Derecho y Gobernabilidad, así como Filosofía en Política y Economía. Actualmente revela que está por graduarse como abogado, con la mira puesta en maestrías en Derecho Deportivo y Constitucional.
Su objetivo es claro: volver al fútbol, pero desde la gestión y la ética. “Quiero estar involucrado en términos de dirigencia deportiva. Me gustaría que el corazón de todos los dirigentes fuese unánime en sacar adelante nuestro fútbol. Que nunca los intereses estén por encima del desarrollo”.
Fe y familia
En televisión y en este diálogo, Frickson Erazo mostró su lado más personal al dedicar sus platillos a su familia y a entregar sus logros a Dios. En ese sentido se define como un hombre de principios espirituales. “Dios es mi estructura, mi refuerzo. En el momento que sienta que no está conmigo, en ese momento dejo de ser Frickson”.
Sobre su familia, destaca el rol fundamental de su esposa, Paola López, a quien le dedicó su triunfo en MasterChef por ser su “torre fuerte” en los momentos de debilidad.
Su legado para sus hijos Yeshua y Yeslany se resume en un principio bíblico de honra y disciplina, en especial porque al parecer están siguiendo sus pasos en el deporte.
“Mi hijo es arquero. A mi hija también le gusta el fútbol. Han sacado los dotes del padre, juegan bastante bien. Y, pues nada, apoyándolos en todo lo que ellos requieran”. (E)












