Perdón, madre naturaleza, perdón por mancillar tu sue-lo. Entrar en tus vírgenes entrañas para obtener los ansiados minerales.

Perdón por ultrajar tu bello paisaje. Soberbias montañas verdes, señoriales. Contaminar tus aguas y lagos vírgenes, estropear la bella armonía del paisaje.

Perdón por contaminar tu maja selva, magnánima reserva de la naturaleza. Tus limpias aguas, tu pletórica fauna y tu madera herida que también gime.

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Perdón y clemencia por todo el atropello causado por la ambición y codicia humanas, pervertidas que no saben o no comprenden que tú eres la dueña de todo lo mencionado, que eres el agua que bebemos y el aire que respiramos y las flores y los frutos. Perdónanos.

Justos los vientos huracanados, merecidas las inundaciones, justicia los aluviones y tsunamis, castigos merecidos para aprender.

Prometemos respetar tu mundo, no más contaminar tus aguas, respetar tu majestuoso campo, restaurar los daños y perjuicios. (O)

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Guillermo W. Álvarez, médico, Quito