Estamos llegando al fin de otro proceso eleccionario en el marco de una pandemia que muchos ya no toman en serio, donde nunca respetaron los protocolos sanitarios y en poco tiempo nos va a pasar factura.
Asimismo ha quedado demostrado lo poco o nada interesados que estuvieron candidatos en proponer soluciones factibles a los problemas que enfrentamos como nación, debido a los manejos alegres de anteriores administraciones; fue más sencillo aparecer bailando en redes sociales y criticando a los adversarios, en lugar de explicarnos el camino que se debe tomar para salir de la crisis que se acrecienta. Lo curioso de este proceso es que debido a la tecnología todas las afirmaciones estrafalarias que antes solo se hacían en mítines y quedaban en el aire, ahora permanecen en los archivos digitales donde más adelante podrán ser analizadas al menos para tener vergüenza ajena y no seguir cayendo en actos demagógicos, en elección tras elección. Ha vuelto a ser evidente la dispersión de aspirantes que al no tener mínima idea de lo que significa poseer una concepción ideológica, se han dedicado a prometer cualquier cosa que consideran que el pueblo quiere, aunque no tengan la intención ni la capacidad para luego cumplirla. Estas elecciones que son de vital importancia para nuestro futuro como nación ya que el próximo presidente deberá tomar decisiones en el marco de una pandemia que ningún país en el mundo ha sabido controlar, han quedado marcadas por el desconocimiento y la falta de interés de ciudadanos que al ya no verse representados por ninguno de los aspirantes, solo irán a las urnas para obtener un certificado de votación y no pagar una multa. Por su parte la desesperación de todos los bandos se ha vuelto patente, unos armando alianzas que parecen pegadas con saliva y nacieron muertas, y otros tratando de desmarcarse de un gobierno que ellos terminaron de consolidar y hacer llegar al poder; es así que estas elecciones, más que nunca, han demostrado el poder de la comunicación y la responsabilidad de los medios que deciden dónde poner los reflectores para que cada quien vote por quien le convenga, sabiendo que luego tendremos que cargar esa cruz, cuatro años, hasta que se repita el círculo que hasta ahora nadie ha sabido cómo romper. (O)
Francisco Andrés Ramírez Parrales, ingeniero, Samborondón









