Nos hemos acostumbrado a mendigar por obras, a pensar que son una moneda de cambio que pueden ser usadas para adquirir votos; que debemos aplaudir a funcionarios cuando no hacen más que cumplir su trabajo. Debido a la falta de conocimientos sobre cuáles son los roles que los dignatarios deben desempeñar, hemos llegado a la errada conclusión de que debemos endiosarlos porque realizan una carretera secundaria, parque; absurdo, como a cajeros de un banco cuando nos entregan nuestro dinero (incluso nos cobran comisión para decirnos cuánto efectivo nos queda en nuestra cuenta).
En este sentido, ciertos políticos se aprovechan de esta distorsión en el imaginario de los electores y pasan gran parte de sus administraciones realizando obras parches para tomarse la foto, y olvidan las obras trascendentales que todos han solicitado y tal vez por ser menos lucrativas nunca se terminan realizando. Todas las obras que realiza cualquier autoridad salen de nuestro bolsillo por medio de los impuestos que pagamos, hasta cuando compramos un caramelo es de donde provienen todos los pagos a dignatarios desde el cargo más alto hasta el servidor público en el puesto más bajo. Cuando un político sale diciendo que somos sus mandantes, hay que tener claro que lo somos en el momento de la campaña cuando va de puerta en puerta rogando por un voto, y también luego que es elegido, incluso aunque no hayamos votado por él. Estamos por elegir presidente. Cuando lleguen a nuestra puerta para prometer oro y moro tenemos la obligación de saber cuáles son nuestros derechos ciudadanos entre los que priman vida, salud, educación, seguridad, que nos deben ser cubiertos a cabalidad por quienes serán elegidos no como nuestros mandantes, sino como nuestros servidores transitorios. (O)
Francisco Andrés Ramírez Parrales, máster en Comunicación, Samborondón