Qué momentos los que nos toca vivir, no recuerdo haber observado tantos problemas económicos, estadísticas que refieren 5 millones de desempleados; una corrupción nunca antes sentida con numerosos implicados y todos repitiendo el mismo libreto: no tengo ni un centavo mal habido, y uno de ellos ha ofrecido pegarse un tiro si le comprueban tal aseveración. 

En el gran balance han desaparecido por arte de magia más de 70.000 millones de dólares. Pensar que hay profesionales inteligentes que no puedan resolver este preocupante tema. A pesar de las denuncias publicadas en periódicos, revistas, canales de televisión, redes sociales, libros; algunos con su proverbial “inocencia” han decidido huir y otros bendecir la impunidad que los ampara. A diario en la Asamblea crean más y más leyes. Un experto en la materia dijo que tenemos más de 20.000 leyes inútiles y seguimos creando otras, ¿para qué?, ¿para quiénes? El pueblo queremos saber cuál es la real situación económica del país. 

La gran realidad de este berrinche es que son permanentes los tremendos problemas económicos, de salud, de seguridad... Los empresarios, industriales, comerciantes, agricultores, etcétera, están desmotivados, muchos de ellos en seria situación de bancarrota. La educación es un capítulo igual de preocupante. Las drogas que llegaron a las aulas escolares van creciendo con sus diabólicas consecuencias, son un negocio perverso desparramado por todos lados, van cobrando vidas con las mafias que no perdonan. 

¡Qué nos pasa! En qué momento se produjo tal descontrol y tan desmedida ambición de insano enriquecimiento. Estamos llenándonos de crónicas rojas animados por fatídicas telenovelas con interminables capítulos de infidelidades, crímenes y narcoviolencias. Vemos que ni los templos se escapan, hay quienes acuden con “fervor espiritual” y ardor delincuencial para robar. 

En esta sociedad perturbada por las ambiciones desmedidas, necesitamos un punto de orden por la paz social. Renovar la psicología colectiva, ejercitar iniciativas positivas. Dejar de lado la tormenta política para que prevalezca un gobierno con honestidad administrativa. Es preciso generar relación de plena confianza para lograr bienestar en un Ecuador más justo, seguro y optimista.(O)

Fernando Naranjo Villacís,

licenciado, periodista; Guayaquil