Así empezamos año: entre un frío glacial que no recordábamos por años en la ciudad de Quito y el calor político. No habíamos terminado de asimilar la sentencia al vicepresidente y otros, a los que, con propiedad, ya podemos llamar delincuentes, y hete aquí que el presidente con una agilidad sorprendente designa vicepresidente y lo hace en la persona que ha estado encargada.

Al terminar el año escribí algo especulando sobre cómo movería ficha el presidente, comenzando por el proceso de designación de vicepresidente; lo hizo con tal rapidez que el artículo no logró ver la luz del día. Había pensado que esa decisión se alargaría para amortiguar sus posibles impactos en la consulta, asunto vital para la supervivencia de Moreno. Algunas voces han sido tremendamente críticas con la terna enviada por el presidente, tres representantes femeninas, todas de la más rancia ala de Alianza PAIS. Alguien incluso tuvo la idea de hacer una manifestación en contra. ¿Esperaban acaso que hubiese candidatas de la oposición? Al final del día, todo quedó como estaba y parecería que se evitó cualquier impacto negativo previsible sobre la consulta.

En medio de todo esto, el retorno del sofista para encabezar la campaña por el NO en la consulta, que es el plato fuerte y crucial para nuestro futuro. Este es el escenario en que se juega la política ecuatoriana. La partida es entre Lenín y Rafael.

La definición de la terna para el reemplazo del vicepresidente ha sido, en mi opinión, un movimiento táctico hábil del presidente; introduce, por una parte, una cuña en Alianza PAIS y acentúa así su implosión; por otra, pone a tres correístas a tener que hacer manifiesta elección de lealtades, entre el líder de ayer y el de ahora, y logra así cortarles el cordón umbilical con Rafael Vicente; finalmente, deja el tablero quieto, pero logra ascendencia sobre su ahora vicepresidente. Dentro de la precariedad política en que le ha tocado operar al presidente Moreno, no está nada mal.

Y ahora la consulta. Se da al momento por seguro el apoyo al SÍ, pero no está claro en qué porcentaje. De las siete preguntas, dos son clave; el resto son caramelitos a los que va a ser difícil que se oponga la opinión pública. Las dos críticas son riesgosas y tendremos que esperar y ser vigilantes de su desarrollo posterior. Asegurar la alternancia es fundamental para recuperar la democracia y desbaratar el antidemocrático “proyecto” y derrotar en las urnas al sofista; deshacernos de autoridades de control corruptas, sesgadas y deslegitimadas, también.

Todo método de designación de esas autoridades tiene sus riesgos: ¿por elección popular?, qué susto; ¿por la Asamblea?, ¿con la que tenemos? Ahora se nos pide un voto de confianza al presidente para conformar un Consejo supuestamente representativo de la ciudadanía para hacerlo. El presidente Jaime Roldós designó a dedo a Hugo Ordóñez como contralor y acertó; El Dr. Ordóñez ha quedado para la historia como referente; eran los tiempos de la decencia. Lo que demuestra que cuando las cosas se hacen bien, resultan bien. Con todo esto en mente, votaremos SÍ, pero señor presidente, ni dé por ganada la consulta, ni se crea que es un cheque en blanco, los ciudadanos estamos atentos. Después del 4 de febrero deberá señalar rumbo. Muévase con tiento. (O)