Al apuro me pongo el abrigo negro, me enrosco un larguísimo chal azul con lunares rojos, meto los pies en mis botines nuevos y solo me doy cuenta de lo incómodos que son (el infierno: zapatos come-medias) cuando ya estoy corriendo escaleras abajo con la bebé en un brazo y el bolso en otro. La meto en su cochecito azul aparcado...
El comportamiento de las masas ha ocupado a más de un pensador. Al parecer, la sensatez, compasión, decencia innatas se disuelven en la ira común. Nuestras mentes racionales, al alinearse bajo banderas y eslóganes, se transforman en cabezas de fósforo a las que cualquier chispa incendia a una velocidad e...
Me acordé de esta historia porque ayer vi una tina de baño a la que alguien había puesto de patitas en la calle y convertido en jardinera. ¿No es angustiante encontrarse con esos objetos, cómplices de nuestra intimidad, expuestos de repente en un lugar donde no corresponden, solos y desvalidos? Recordé mi...
Quién no ha tenido vecinos de esos que dan conciertos gratuitos para todo el barrio: la que está aprendiendo a tocar el piano y te taladra el oído con la misma escala repetida una y otra vez, el del saxofón destemplado, los que escuchan música electrónica industrial con unos parlantes carísimos...
Tengo un pequeño ritual masoquista: cuando estoy a punto de terminar mis columnas, me siento a la mesa de la cocina, café en mano, y le cuento a mi marido sobre qué he pasado escribiendo todo el día, e incluso le traduzco al inglés (no habla español) las frases que, según yo, me salieron más...
El verano pasó soplado, como un tragafuegos incendiándolo todo. Hasta el polvo seco quedó reseco. Los parques verdes se tornaron amarillos, las calles gritaban de sed y a alguien se le ocurrió embutirles pilas de hojas secas en la boca para que se callaran. Silenciosas quedaron las calles, desiertas salvo por el oto...
Cuando era niña, allá por los años 90, si alguien decía Venezuela yo enseguida pensaba en mujeres de metro ochenta, ojazos, piel canela, larguísimas melenas y vestidos de gala. Pensaba en Miss Universo, pero también en esas telenovelas que mi mamá me prohibía ver y yo por supuesto veía...
Lo confieso, soy una de esas personas horribles a las que no les gustan los perros. Me comprenderían si fueran, como yo, una mujer a una nariz pegada, una nariz neurótica, obsesiva, hipersensible. Los perros apestan, y apesta todo lo que tocan. He tenido la desgracia de sacarlos a pasear, para conservar el cariño de mi...

Páginas