La Asamblea Nacional arrancó su gestión anunciando una agenda que tenía como objetivo aprobar 85 leyes entre junio del 2021 y mayo del 2022. El tiempo se cumplió y solo ha llegado a 24 normas aprobadas y publicadas en el Registro Oficial, reseña la web institucional.

La semana pasada, Guadalupe Llori, presidenta del Legislativo, indicó en una entrevista con este Diario que eran 26 las leyes aprobadas, aunque el pasado 10 de mayo, después en una reunión con presidentes y vicepresidentes de las comisiones legislativas, hablaron de 28.

Según el Observatorio Legislativo de la Fundación Ciudadanía y Desarrollo, ocho de estas normas ya vigentes son parte de la agenda parlamentaria inicial y en este mismo tiempo se han archivado siete proyectos, entre ellos el de atracción de inversiones, que agitó las tensiones con el Ejecutivo.

Natalie Arias (CREO), segunda vocal del Consejo de Administración Legislativa (CAL) de la Asamblea e integrante de la Comisión de Desarrollo Económico, reconoce que desde inicios de 2022 algunos “legisladores se han dedicado a generar desestabilización y caos político, basando su gestión en agendas personales”. Como consecuencia dice que si esta realidad no cambia “al final de este periodo los ecuatorianos juzgarán duramente a la gestión de la Asamblea.

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“Le quedaremos debiendo mucho a nuestro país... creo que ya es hora de que cada bancada, cada comisión y cada legislador se dedique a trabajar por los intereses de la ciudadanía”, agrega.

Arias cuenta que el CAL ha tenido 113 sesiones para tratamiento de leyes, 161 comparecencias de autoridades, 292 comisiones generales con ciudadanía, gremios y asociaciones civiles.

“Con orgullo puedo decir que, de las ocho leyes aprobadas cuatro fueron tratadas por mi comisión: Ley de Empresas Públicas, Ley de Reactivación Económica para Esmeraldas y Manabí, Ley Circular Inclusiva y la Ley de Emprendimiento Juvenil”, subraya.

La Asamblea Nacional durante la sesión plenaria 772 del pasado 26 de abril. Foto: Archivo. Foto: MAURICIO MUNOZ ESTRELLA

Dalton Bacigalupo, legislador de Izquierda Democrática que forma parte de la Comisión de Justicia, considera que pudieron aprobarse más proyectos.

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“No se adecuó suficientemente el criterio de urgencia para la aprobación de algunas disposiciones normativas, como el caso de la Ley de Comunicación que pudo tratarse con mayor rapidez, las leyes que tienen que ver con seguridad del Estado... pudo optimizarse el trabajo en materia legislativa, eso le faltó a la conducción de la Asamblea”, dice.

Ferdinan Álvarez, asambleísta de UNES y presidente de la Comisión de Transparencia Participación Ciudadana y Control Social, dice que esta es una de las pocas que se encuentra al día en todas sus labores y obligaciones y reconoce que la Asamblea “ha tenido varios reveses, pero con total responsabilidad de su presidenta”.

“Su afán indigno de aferrarse a la presidencia ha ocasionado que no hayamos sesionado con regularidad... esto ha generado además que la imagen de la Asamblea Nacional ante el país sea profundamente mancillada”, lamenta.

El no haber alcanzado el objetivo de las 85 normas aprobadas este primer año se debe, según Álvarez, a varios motivos, pero sobre todo a “las prioridades personales de la presidenta Llori”, que “no convoca a sesiones o lo hace con maledicencia”. Además menciona que el objetivo nunca fue consecuente con la ciudadanía.

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“La Asamblea no puede convertirse en una fábrica de leyes en serie y tampoco es una mejor Asamblea la que produzca más leyes, aunque sean al apuro y mal elaboradas”, dice Bacigalupo.

No obstante, Arias menciona que es importante recordar “que dicha agenda fue construida en conjunto por cada uno de los presidentes de las comisiones y las autoridades de la Asamblea Nacional”.

“Los 137 asambleístas nos comprometimos a cumplir dicha agenda, denominada Minga por el Ecuador, y construir leyes en favor de los ecuatorianos”, subraya.

Henry Cucalón, abogado y exasambleísta, opina que la actividad legislativa no se debe calificar por la cantidad de leyes aprobadas, sino por calidad de la ley creada o reformada y su utilidad.

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“Es obvio que por infinita incapacidad y novelería no cumplieron con ese cantidad de proyectos, pero lo que más preocupa no es eso si no que no se trataron ni debatieron los temas que le interesaba a la ciudadanía... eso da una pauta de la bajísima capacidad y calidad de representación parlamentaria en el momento de conocimiento y aprobación de leyes”, comenta.

Para Cucalón esto se pudo evidenciar en la aprobación de las 270 amnistías el 10 de marzo pasado y en el “debate vergonzoso” que hubo sobre la ley de aborto en casos de violación. Dice además que no hubo ninguna aprobación trascendental y muchos de los proyectos se venían arrastrando de años anteriores.

Marcelo Espinel, coordinador del Observatorio Legislativo, dice que en estos últimos dos meses “el proceso de aprobación de leyes se ha ralentizado”.

“No vemos ya este ímpetu que tenía la Asamblea Nacional en un inicio de aprobar normativas”, comenta y añade que espera que en este segundo año “se superen las pugnas de poder y se tomen decisiones que sean conducentes a retomar el trabajo sobre todo en el cumplimiento de la agenda legislativa.

Cifras de la producción legislativa

En cifras generales, Espinel expresa que un punto que llama la atención es que en esta Asamblea se han presentado individualmente menos proyectos que la anterior.

“El periodo anterior (2017-2021) presentó más de 900 proyectos de ley y llegaron a aprobarse solo cerca de 80, no sirve de mucho el que se presenten tantos proyectos de ley si no todos van a terminar convirtiéndose en leyes, hay que tener cuidado con eso”, manifiesta.

Este primer año de labores, se han presentado en total 231 proyectos de Ley, 91 de la agenda parlamentaria, según indicó la Asamblea.

Según datos recogidos por el Observatorio Legislativo, el asambleísta Luis Almeida (PSC) es el legislador que más proyectos ha presentado, nueve en total. Le siguen Marcela Holguín (UNES) y Ángel Maita (PK) con ocho proyectos; luego Patricia Mendoza (UNES) con seis proyectos y Darwin Pereira (PK) con cinco proyectos presentados.

Sobre la presentación de proyectos de ley de parte de los asambleístas, Espinel explica que se debe tener en cuenta que esto no incurre en si un asambleísta puede ser considerado mejor o peor que otro.

Hay asambleístas que quizá no presentan proyectos, pero sí están fiscalizando... hay otros que por la labor que realizan, como presidentes de comisión o miembros del CAL, tienen gran cantidad de trabajo y no se han enfocado en proponer proyectos de ley”, menciona.

Cambio de directiva

Los legisladores consideran que para sacar adelante la agenda parlamentaria es necesario un cambio de directiva.

“Es necesario cambiar la conducción de la Asamblea por un elemento que garantice mayor comunicación en el interior de los bloques y se allane a procesar iniciativas que miren más el interés del país”, dice Bacigalupo.

Por su parte, Almeida opina que “es necesario que el presidente de la Asamblea se saque la bandera política de su partido y ponerse la del Ecuador” y que “comprenda que ahí hay 137 opiniones, para en conjunto lograr el éxito del país”, algo que no ocurrió en este primer año con Llori y que espera suceda este segundo año.

“Definitivamente el cambio de presidente ayudará en gran medida al país con un mejor desempeño... el nuevo o presidente o presidenta debe representar con dignidad y trabajo al voto ciudadano, debe ser un legislador preparado para el cargo... ese será solo el principio de la transformación que requiere la Asamblea. Guadalupe Llori dejará la presidencia con muchos golpes bajos, deslegitimada interna y externamente. Pero seguro, a su salida, vendrán tiempos mejores”, dice Álvarez.

Sobre estos cambios que los legisladores consideran urgentes, Cucalón manifiesta que el problema “no es solamente la cabeza de la Asamblea, es la composición”.

“Los partidos políticos han fallado y los que llevaron la mayoría han fallado rotundamente en las personas que llevaron... la representación ha sido precaria. Adicionalmente la persona que dirige tiene una carencia de liderazgo absoluto, no conduce, no maneja los temas”, apunta. (I)