Dos jueces estadounidenses admitieron a trámite la semana pasada demandas que consideran que el Deutsche Bank fue demasiado permisivo con las cuentas de Biscayne Capital, el grupo financiero manejado por ecuatorianos y acusado de piramidación de capitales y lavado de activos. Uno de los demandantes pide $ 200 millones del banco de origen alemán.

La falta de los debidos controles, un cierto grado de permisibilidad, no investigar cuando se prendieron las luces rojas y hasta hacerse de la “vista gorda”, son algunas de las observaciones que los demandantes incluyeron en sus denuncias aceptadas por los jueces en Nueva York y Miami.

Deutsche Bank tiene hasta mediados de abril para responder a los cuestionamientos, que están respaldados en los contratos bancarios, intercambios de correos, testimonios de empleados de la institución financiera y las confesiones de los exejecutivos de Biscayne Capital.

El banco no logró que se desecharan las demandas en las que se asegura que supuestamente colaboró activamente en el esquema de piramidación y lavado de dinero de Biscayne. Según una nota de The Wall Street Journal, el portavoz de la institución aseguró el jueves 31 de marzo, al conocer el segundo fallo, que “continuarán vigorosamente defendiéndose contra estas demandas”.

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La primera acusación se presentó en Nueva York en 2020 y está relacionada solo con Madison Asset LLC, el fondo de las islas Caimán en el que se invirtieron y no se han podido recuperar $ 7 millones de bonos de deuda externa de Seguros Sucre S. A. De hecho, el proceso de liquidación de Madison en las islas comenzó por un pedido de la aseguradora ecuatoriana y la casa de valores panameña Westwood Capital Markets.

Los liquidadores de Madison le exigen al Deutsche Bank una contribución de “al menos” $ 200 millones, porque consideran que esta es la cantidad que se perdió porque el negocio “se llevó de una manera fraudulenta”.

La segunda demanda se presentó el año pasado en Miami por algunas de las empresas del Grupo Biscayne, también en liquidación en islas Caimán, que emitían los títulos que compraban los inversionistas. Esos fondos debían financiar el desarrollo de proyectos inmobiliarios, a través de la empresa South Bay Holdings LLC de Florida, del mismo grupo Biscayne. En esta demanda no se habla de un monto específico.

Madison era el centro de fraude

En ambas acusaciones se sitúa a Madison Asset LLC, creada en 2014, en el centro del fraude de Biscayne, y la supuesta implicación de Deutsche Bank se deriva porque manejaba la cuenta de custodia de este fondo. La relación del banco con el grupo data de 2008.

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Los liquidadores aseguraron incluso que Madison se creó en islas Caimán en 2014 con el objetivo expreso de evadir los controles de las autoridades financieras estadounidenses (Securities and Exchange Commission, SEC), que habían comenzado a investigar las actividades de Biscayne Capital y de South Bay. Y las de sus ejecutivos: los ecuatorianos Roberto Cortés Rueda y sus hijos Roberto Cortés Ripalda y Juan Carlos Cortés Pablo, y Ernesto Weisson Pazmiño y Frank Chatburn Ripalda.

Madison servía como intermediario y asesor de inversiones para el grupo de empresas de Biscayne Capital. Poco después se contrató a Gustavo Trujillo Franco, quien posteriormente asumiría su dirección y representación. Trujillo había trabajado de cerca con Cortés Rueda desde muy joven, señalaron los demandantes. También se contrató al uruguayo Fernando Haberer Bergson.

Trujillo y Haberer manejaban la relación de Madison con el Deutsche Bank. En las conversaciones para abrir la cuenta de custodia y al enterarse de que se iban a realizar emisiones a través de varios fondos, la ejecutiva del banco Floris Vreedenburgh les recomendó que no abrieran más cuentas, según relata la demanda.

Vreedenburgh les explicó que para cada nueva cuenta, el banco debería seguir un procedimiento de debida diligencia. Pero si Madison las manejaba como “subcuentas” bajo el nombre de Madison, se evitarían el proceso de debida diligencia, añade el documento. Esta ejecutiva ya había abierto otras cuentas de custodia para otras empresas del grupo años antes.

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El primer contrato de custodia multimercado se firmó en marzo de 2014 entre Cortés Rueda, por parte de Madison, y Floris Vreedenburgh y Scott Habura, por el banco. Casi enseguida, Trujillo firmó un addendum con Paul Bishop y Anthony Toscano.

Al mismo tiempo, aseguraron los demandantes, Deutsche Bank revisó las ofertas de emisión de valores y las distribuyó a los inversionistas. Además, tanto Deutsche como su subsidiaria de Luxemburgo actuaron como agentes de emisión, de pago o de registro.

En ambas demandas se detalla el hecho de que como el Grupo Biscayne ya tenía problemas económicos, usaba el dinero fresco de los nuevos inversionistas para pagar los vencimientos de los clientes antiguos. Y se insiste en que se usó la cuenta de Madison para lavar dinero proveniente de corrupción, como los pagos de sobornos de Petroecuador y de Odebrecht. Y por ello los liquidadores consideran que los ejecutivos de Deutsche Bank habrían colaborado con el esquema, pues no vigilaron de cerca el movimiento de las cuentas.

En la demanda de Nueva York se relata que Trujillo facilitó la transferencia hacia las cuentas de Madison de unos $ 2,9 millones de ganancias de un contrato de Petroecuador y luego reenvió al menos $ 2,3 millones para pagar a ciertos clientes y cancelar otras deudas.

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En la de Miami, los liquidadores señalaron que como era una cuenta de custodia de títulos, el dinero debía entrar para pagar vencimientos solamente. Sin embargo, la cuenta tenía bastante movimiento, entraban y salían millones de dólares, y hasta se pagaban gastos de tarjetas de crédito a través de las subcuentas. En la demanda de Nueva York se detallan las 29 subcuentas activas de Madison Asset, entre ellas está la de Sentinel Mandate & Escrow, envuelta en el escándalo de sobornos de Odebrecht y Petroecuador.

Un ejemplo citado en la demanda de Miami relata que según los registros bancarios, la emisión de Global Market Step Up (subcuenta terminada en 5094) hizo que a la cuenta de Madison ingresaran $ 141 millones, pero que de ese monto solo $ 698.000, menos del 0,5 %, se usó para el objetivo de la emisión. Del resto, $ 6 millones se pagaron al Deutsche Bank en intereses y $ 134 millones se enviaron a otros destinatarios, entre ellos los que debían recibir el pago por el vencimiento de otras emisiones anteriores.

Pero eso no fue todo. Hubo sobregiros millonarios, lo que no debió ser permitido en este tipo de cuentas. Como evidencia existen varios intercambios de correos electrónicos entre los ejecutivos y Trujillo, en el que siempre terminan esperando a que el ecuatoriano resolviera el problema y no se animaban a cerrarle la cuenta. En una ocasión hasta le extendieron una recomendación para que abriera otra cuenta de Madison en el panameño Credicorp Bank, del que señalaban “las buenas relaciones de negocios” existentes.

Los demandantes cuestionan que en mayo de 2016, cuando se hizo pública la sanción de la SEC por las violaciones al mercado de valores por parte del Grupo Biscayne, Deutsche Bank cerró algunas de las cuentas del grupo, pero no la de Madison Asset.

El banco se defendió asegurando que siempre siguió los procedimientos normales en el manejo de las cuentas.

Al final, el vaso se rebosó el 15 de junio de 2017, cuando el Deutsche Bank le informó a Trujillo que terminaba el contrato de custodia y la cuenta se cerraría el 31 de agosto de ese año.

Estas demandas que se relacionan a la liquidación de los fondos en islas Caimán son adicionales a los dos procesos penales que se siguen en Nueva York. Uno es contra Trujillo Franco y el otro contra Roberto Cortés Ripalda, Ernesto Weisson y Fernando Haberer por la quiebra de Biscayne. Chatburn ya fue juzgado en Miami. (I)