La invitación al presidente Daniel Noboa para participar en la cumbre convocada por el presidente de EE. UU., Donald Trump, en Miami, prevista para el 7 de marzo, coloca a Ecuador dentro de un grupo reducido de mandatarios latinoamericanos considerados cercanos al expresidente estadounidense.
Junto con líderes como Javier Milei (Argentina), Nayib Bukele (El Salvador), Santiago Peña (Paraguay) y Tito Asfura (Honduras), Noboa forma parte de una cita que, según fuentes de la Casa Blanca, busca consolidar alianzas políticas en una región que Trump considera clave frente a la creciente influencia de China.
En ese escenario, la presencia de Noboa abre el debate sobre el lugar que ocupa Ecuador en la estrategia de Washington y los beneficios e incluso riesgos de tener una mayor cercanía con el mandatario republicano.
¿Socio estratégico?
Para el analista político Bernardo Gortaire, la relación debe entenderse desde una lógica claramente asimétrica. “Para Daniel Noboa, Estados Unidos es un aliado estratégico. Es el socio con el que más se intenta trabajar, sobre todo desde el ámbito de la seguridad”, señala. En ese marco, menciona el fortalecimiento de la cooperación con el Comando Sur, el apoyo a las Fuerzas Armadas y los procesos de capacitación que reciben las fuerzas de seguridad ecuatorianas por parte de entidades estadounidenses.
Sin embargo, Gortaire subraya que esa percepción no es necesariamente compartida por Washington. “Desde el ámbito de Estados Unidos, Ecuador no representa todavía un socio estratégico. Sigue siendo un actor con una capacidad de influencia regional relativamente baja, especialmente mientras se mantenga la crisis interna”, afirma. Por ello, considera que el país es visto más bien como “un socio coyuntural, útil para ciertas agendas específicas”.
Según el analista, la invitación a la cumbre responde menos a una alianza estructural y más a una afinidad política e ideológica.
“Lo que se está intentando es consolidar un círculo de cercanía política con Gobiernos que comparten una visión similar. Ecuador entra en esa lógica como parte de un bloque que se está armando desde la derecha conservadora”, sostiene.
Gortaire advierte que este alineamiento es un “arma de doble filo” para el Gobierno ecuatoriano. “Por un lado, le asegura a Noboa un socio fuerte, el actor hegemónico regional y global. Pero, al mismo tiempo, lo encasilla en un espectro ideológico que contradice la imagen con la que él llegó al poder”, explica. Recuerda que durante la campaña Noboa se presentó como una figura de centro, con guiños a la socialdemocracia y distante de las posiciones más radicales.
“La cercanía con Donald Trump, que representa una derecha reaccionaria y personalista, puede radicalizar aún más a la oposición que ya enfrenta el Gobierno y, además, debilitar los apoyos de sectores de centro, liberales e incluso de la derecha liberal”, añade. En ese sentido, piensa que la relación puede tener costos políticos internos, sobre todo en un contexto electoral.
El analista también pone el foco en las implicaciones externas, particularmente en la relación con China. “Ecuador mantiene una alta dependencia de inversión y financiamiento chino. Un alineamiento pleno con Estados Unidos, especialmente en una agenda de confrontación directa con China, tiene costos operativos, técnicos, políticos y sociales”, advierte. Si bien reconoce que existen críticas a las condiciones del financiamiento chino, insiste en que romper o tensionar ese vínculo sin alternativas claras puede ser perjudicial.
Gortaire cuestiona además que la relación con Trump se quede en lo simbólico. “Si esta alianza se reduce a una transaccionalidad de popularidad, a fotos o a la cercanía personal con Trump, el riesgo es enorme”, sostiene. A su juicio, el Gobierno debería apuntar a beneficios concretos. “Si no hay resultados tangibles para la seguridad, la economía y la vida cotidiana de la gente, el costo político será alto. En política internacional no importan los imaginarios, sino los resultados”, concluye.
Invitación tiene señales políticas
Desde una mirada distinta, el jurista y experto en derecho internacional Esteban Santos, decano de la Universidad de los Hemisferios, considera que la invitación sí envía una señal política relevante.
“Trump recibe a líderes a los que respeta o con los que tiene intereses muy particulares. Que invite a Ecuador junto con otros mandatarios es una muestra de alianza en función de intereses compartidos”, afirma.
Santos aclara, no obstante, que esta cercanía no debe interpretarse como entreguismo o dependencia. “No debería malentenderse como una subordinación a los designios de Trump. Se trata de una relación entre Estados que persiguen objetivos comunes en determinados temas”, puntualiza.
El experto introduce además un elemento clave: el contexto interno de Estados Unidos. “Este es un año de elecciones de medio término y para Trump es fundamental mostrar control, liderazgo y aliados visibles en la región. Que los presidentes vayan a Miami, en los términos que él plantea, le sirve mucho a su agenda política interna”, explica.
En ese marco, Santos sostiene que el principal desafío para el Gobierno ecuatoriano no es tanto la relación en sí, sino cómo se la gestiona y comunica. “Uno de los grandes problemas de esta administración ha sido la desconexión entre lo que se hace y lo que se transmite. Estos espacios internacionales deberían servir para comunicar mejor, para explicar a la ciudadanía qué se gana con este tipo de acercamientos”, agrega.
El jurista también advierte que la coyuntura interna del país puede opacar cualquier logro en el plano internacional. “Hay demasiados frentes abiertos al mismo tiempo: seguridad, justicia, gobernabilidad, conflictos políticos. Todo eso termina afectando la capacidad del Gobierno de capitalizar estas relaciones externas”, menciona.
En tanto, la cumbre de Miami se da en un contexto de reordenamiento geopolítico en América Latina, marcado por una política exterior estadounidense más confrontacional, selectiva y personalista.
Trump ha insistido en recuperar influencia en el hemisferio, combinando presión política, incentivos económicos y cooperación en seguridad, mientras deja fuera de este tipo de espacios a Gobiernos como los de México, Brasil y Colombia. (I)