En Ecuador, las consultas populares, como mecanismo de ‘democracia directa’, han servido también como herramienta política para legitimar a gobernantes de turno o medir su popularidad y nivel de aceptación frente a temas que resultan controversiales, en la mayoría de los casos.

Desde el retorno a la democracia los ecuatorianos fueron once veces a las urnas por consultas o referéndums de alcance nacional, desde el referéndum de 1978 y, en varias de estas ocasiones, se han convertido en un revés para los gobernantes de turno, le ocurrió a León Febres-Cordero en 1986 y a Sixto Durán-Ballén en 1995.

Febres-Cordero lo hizo a mitad de periodo y preguntó sobre la participación de los independientes en la actividad política electoral, perdió con más del 55 %. Esta fue la primera consulta popular desde el retorno a la democracia.

Y Durán-Ballén que, a meses de concluir su periodo presidencial, preguntó a la ciudadanía, en referéndum, sobre descentralización, paralización de servicios públicos, entre otros. La votación se dio un mes después de la salida de Alberto Dahik de la Vicepresidencia de la República. Los resultados fueron negativos para el mandatario, en todas las preguntas. Antes, él hizo otra consulta, en 1994, y la votación fue variada por cada pregunta.

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En otros casos, como los de Fabián Alarcón y Alfredo Palacio, presidentes que asumieron el poder tras la caída de otros, la consulta sirvió para legitimarse en el mismo y sostenerse como gobiernos de transición.

El 25 de mayo de 1997, Alarcón consultó temas como ratificación del mandato y la destitución de Abdalá Bucaram, quien fue destituido tres meses antes. Alarcón incluyó otras preguntas que dieron paso a la Constituyente de 1998. En estas preguntas ganó con suficiencia, pero perdió en la relativa a las elecciones de los diputados.

En tanto, Palacio, el 26 de noviembre del 2006, consultó sobre el Plan Decenal de Educación, Aseguramiento Universal de Salud y otros temas; ganó con alrededor del 65 %. Palacio asumió el poder, al ser vicepresidente de Lucio Gutiérrez, quien fue destituido el 20 de abril de 2005.

Luego, en los últimos quince años, vienen las consultas y referéndums de Rafael Correa y Lenín Moreno.

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Correa, quien llegó al poder con 56,7 %, aprovechó su popularidad y, de entrada, el 15 abril de 2007 consulta sobre el establecimiento de una Asamblea Constituyente de plenos poderes y la gana con el 81,72 %. Un año después somete a la nueva Constitución a referéndum aprobatorio y gana con el 63,93 %.

Correa recurre a consulta o referéndum por dos ocasiones más y sigue ganando, aunque con menor porcentaje.

El 7 de mayo de 2011, consulta sobre temas relativos a la Función Judicial, medios de comunicación y otros, gana en todas con más del 50 %, excepto en la prohibición de espectáculos públicos donde se maten animales que se decidió por cantón.

Y la del 19 de febrero de 2017, el mismo año que terminó su último periodo presidencial en el poder, en la que preguntó a la población sobre prohibición de tener bienes en paraísos fiscales para ser candidato o funcionario público y también ganó con más del 50 %.

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Finalmente, está la consulta y referéndum de Moreno, el 4 de febrero de 2018, a menos de un año de asumir su mandato y con una popularidad aún alta.

Moreno consiguió la eliminación de la reelección indefinida, la designación de un Consejo de Participación Ciudadana Transitorio (CPCCS-t) que cambie todas las autoridades de control, la inhabilitación política de personas condenadas por actos de corrupción, entre otros temas, con más del 65 % por el sí.

Ahora, con una base de popularidad de un poco más del 50 %, según la encuestadora Click Report, el presidente Guillermo Lasso planea, para dentro de un año, lo que sería la doceava consulta popular que, también podría ser una mezcla de consulta y referéndum, si se concreta la idea de eliminar el Consejo de la Judicatura. El mandatario anunció que podrían incluirse reformas en las funciones del CPCCS y hasta las reformas laborales.

Un estudio titulado Mecanismos de democracia directa y poder en América Latina de las académicas Saskia Ruth y Yanina Welp, en el 2015, señala que, entre los años 1900 y 2014, Ecuador se situaba en el segundo país con mayor número de consultas a la población, con nueve, solo le superaba Uruguay, con 26 consultas, en ese mismo periodo.

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El analista político, Giuseppe Cabrera, sostiene que las consultas siempre han sido una validación del grado de popularidad de un presidente y han sido utilizadas para saltarse los “contrapesos institucionales”

“La gente no revisa a profundidad los temas, sino que está votando a favor o en contra de quién los propone, sean estos buenos o malos para ellos. Generalmente, los presidentes las usan (las consultas populares) cuando están en crisis o cuando se encuentran ante los candados institucionales o, como lo ven ellos, bloqueos institucionales. El presidente Lasso, no es sorpresa para nadie que tiene problemas para manejar las relaciones en la Asamblea, se quiere saltar esta a través de una consulta popular. Lenín Moreno hizo lo mismo, se quiso saltar el CPCCS que no le era favorable y de esa forma también cambiar a autoridades de control”, señala Cabrera.

En tanto, Mauricio Alarcón Salvador, director de la Fundación Ciudadanía y Democracia (FCD), coincide en que las consultas miden la popularidad de los presidentes y, en el caso de Lasso, su intención es “intervenir en las elecciones seccionales en las que ya prevé que le va a ir mal, haciendo campaña en una consulta popular”.

“(La consulta popular) podría ser perjudicial para Lasso, como lo fue para León Febres-Cordero o Durán-Ballén, porque, a los ecuatorianos, incluso, preguntándosele cosas positivas que uno podría dar por sentadas, pueden terminar votando en contra por la pura ira que tienen contra el gobierno, y del otro lado, puede ser un termómetro para que la principal fuerza política opositora, entiéndase el correísmo, capitalice este proceso y estos resultados”, agrega. (I)