Un proyecto que nació en el corazón de las favelas de Río de Janeiro, Brasil, tiene como objetivo ‘refrescar’ los inmuebles en esta esta zona de una forma sustentable mediante lo que llaman Techo Verde Favela.

También conocidos como jardines aéreos, los techos verdes son considerados ‘pulmones urbanos’ por mejorar la calidad ambiental en las ciudades donde el cemento prevalece y la vegetación se extingue.

Su origen se remonta a los Jardines Colgantes de Babilonia -2.500 años atrás- y se propagaron durante la segunda mitad del siglo XX en Europa por el rápido crecimiento urbano. Alemania es el país líder de esta tendencia ecológica.

Luis Cassiano, fundador de Techo Verde Favela, descubrió estas bondades seis años atrás, luego de sufrir con las altas temperaturas que se concentraban en su casa, una de las tantas que se levantan en ‘Parque Arará’.

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Esta favela, repleta de comercios y donde conviven unas 9.000 personas en medio de estrechas calles y sin zonas verdes para respirar, se ubica en la zona norte de Río, lejos del mar y sobre un terreno que años atrás albergaba un manglar.

Amante de las plantas y de la naturaleza, Cassiano encontró en los techos verdes la solución a su problema. Tras estudiar a fondo la metodología, se lanzó a sembrar su propio jardín encima del tejado que cubre su casa.

Desde entonces, la pequeña ‘selva urbana’ que cubre su hogar, compuesta por bromelias, cactus, suculentas y hasta palmeras, le ofrece un bienestar que antes no conocía a cambio de agua y cariño.

“Yo no sé vivir sin ese tejado”, enfatizó Cassiano, quien, a sus 51 años, confiesa que habría enloquecido sin el frescor que cada día le brinda día a día ese jardín.

La creatividad puede ayudar a llenar de más plantas las favelas. Un calzado con una planta es visto en la ventana de Luis Cassiano. Foto: EFE

“Su mayor importancia radica en cómo logra la diferencia de temperatura. Soy una persona que siente mucho el calor y sin ese tejado no podría mantenerme aquí. Cuando lo implementé, lo hice por una situación de auxilio, porque yo no aguantaba llegar del trabajo y tener todo ese calor aquí dentro”, subrayó.

El “fresquinho” del que habla Cassiano se siente de inmediato al ingresar en su hogar y la temperatura baja más en el último piso, donde el clima se mantiene entre 10 y 15 grados centígrados más frío de lo que marca el termómetro externo.

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La base del proyecto es la educación ambiental

Desde que experimentó en carne propia las virtudes de su techo verde, Cassiano quiso replicar la idea en otros hogares de la comunidad, pues este tipo de jardines también ayudan a evitar inundaciones, mejoran la calidad del aire, contribuyen a reducir el consumo de energía y convierten las estructuras de cemento y ladrillo en espacios “más bonitos”.

Según el ambientalista, promover la implementación de estos tejados en la favela no ha sido fácil, pues este tipo de proyectos son a largo plazo y la gente quiere “beneficios inmediatos”.

A eso se suman los cuidados diarios para su mantenimiento, que son vistos por muchos como una esclavitud, y los costos de su realización, que la gente de la favela no suele priorizar y menos ahora cuando la pandemia del coronavirus ha dejado a muchos sin trabajo, pues implican una inversión inicial mínima de unos 400 reales (unos 74 dólares).

Los montos incluso pueden reducirse con compras al por mayor si hay una participación colectiva del proyecto, pero la realidad es otra y por eso además de enseñar las técnicas para la implementación de techos verdes, se requiere educar a la población en asuntos ambientales y despertar en ella el amor por naturaleza.

“La persona tiene que saber lo que está haciendo, pero también debe amar las plantas”, insistió Cassiano.

En eso coincide David de Sousa, líder de Enactus, una organización no gubernamental que promueve el emprendimiento social y que viene apoyando el trabajo de Techo Verde Favela, con soporte técnico e investigación, con el auspicio de la Universidad Federal de Río de Janeiro (UFRJ).

La pandemia afecta su extensión

No obstante, el trabajo directo con la comunidad para empaparla del proyecto y enseñar sus beneficios quedó en el limbo por la pandemia del coronavirus, pues la UFRJ frenó las actividades que se reanudarán solo cuando exista un riesgo mínimo de contagio.

Es un trabajo “robusto”, según Cassiano, que se hace con el corazón y que sobrevive de ayudas voluntarias, cada vez más escasas.

Las posibilidades de que proyectos como Techo Verde Favela cuenten con el apoyo del Gobierno municipal también fueron postergadas por la covid en el corto plazo, y solo a futuro podrán estudiarse en los planes participativos que piensa desarrollar la Alcaldía con las comunidades de la zona norte de Río, confirmó Washington Fajardo, secretario municipal de Planeación Urbana.

Esto, porque la Alcaldía está priorizando acciones para revivir el centro de la ciudad, donde se concentran unos 800.000 empleos que fueron duramente afectados por el cierre de muchos negocios debido a las medidas para evitar la propagación del virus.

El tema ambiental está incluido en el plan urbano para esa zona de Río, donde la municipalidad impulsará que se implementen terrazas verdes en los edificios, que puedan ser visitadas por el público, ofreciendo beneficios para quienes desarrollen los proyectos. (I)